{"id":6152,"date":"2021-12-15T16:30:11","date_gmt":"2021-12-15T15:30:11","guid":{"rendered":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/?page_id=6152"},"modified":"2021-12-16T10:00:25","modified_gmt":"2021-12-16T09:00:25","slug":"libro-4","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/es\/estatutos\/libro-4\/","title":{"rendered":"libro 4"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Libro 4&nbsp;: la Orden<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c31\">Cap\u00edtulo 31<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El r\u00e9gimen de la Orden<a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-3#c30\">\u00ab<\/a><a href=\"#c32\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Los primeros Priores de la Orden, queriendo asegurar la continuidad y la estabilidad del ideal cartujano, decidieron de com\u00fan acuerdo celebrar un Cap\u00edtulo General en la Gran Cartuja&nbsp;; todos sometieron a la autoridad de este Cap\u00edtulo sus Casas, para que las corrigiera y las conservase en vigor, y prometieron al mismo obediencia, en nombre propio y de sus Comunidades. As\u00ed se consolid\u00f3 para siempre el lazo de caridad que une las Casas y a todos los miembros de la Orden, resueltos a avanzar gozosamente por la senda del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cap\u00edtulo General se celebra cada dos a\u00f1os, y a \u00e9l asisten los Priores, los Rectores, el Procurador General y los Vicarios de monjas. Si no pudiera asistir alguno de los que est\u00e1n al frente de las Casas, delegar\u00e1 en un monje profeso solemne. Si alguna Casa no tuviera Prior, el Reverendo Padre podr\u00e1 invitar a alg\u00fan monje de la misma, profeso de votos solemnes, a que asista al Cap\u00edtulo General. Todos los cuales en el Cap\u00edtulo gozan de los mismos derechos y funciones, a saber, los de los Priores.<\/p>\n\n\n\n<p>La Asamblea en la que se re\u00fanen todos los que tienen los derechos de Prior, y tambi\u00e9n los dem\u00e1s monjes que posiblemente se encuentren entre los Definidores, se llama Asamblea Plenaria, la cual preside el Reverendo Padre. Esta Asamblea tiene potestad para dictaminar de todos los asuntos referentes a la Orden, menos los que son competencia del Definitorio. Tambi\u00e9n da la Asamblea su voto consultivo sobre los puntos propuestos por los Definidores, y en tales casos \u00e9stos no dan su voto.<\/p>\n\n\n\n<p>El Definitorio, presidido por el Reverendo Padre, est\u00e1 constituido por el mismo Reverendo Padre y por ocho Definidores elegidos seg\u00fan se dice en otro lugar. Excepto el Reverendo Padre, nadie puede ser elegido Definidor, si lo fue ya en el Cap\u00edtulo General precedente.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo Definitorio dictamina acerca de las personas y de las Casas. En cada Cap\u00edtulo General, seg\u00fan la com\u00fan obediencia prometida y debida al mismo, todos los Prelados piden misericordia, para que el Definitorio pueda deliberar acerca de su absoluci\u00f3n o confirmaci\u00f3n. Pues, seg\u00fan nuestra tradici\u00f3n, el Prior desempe\u00f1a su cargo mientras puede ejercerlo con provecho de la Comunidad, a juicio del Cap\u00edtulo General.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n corresponde al Definitorio nombrar al Procurador General, que representa a la Orden ante la Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede establecer ni llevar a efecto nada contra lo contenido en estos Estatutos, que disminuya el antiguo rigor de la Orden cartujana, a no ser que sea aprobado en dos Cap\u00edtulos sucesivos, al menos por dos tercios de los que de hecho hayan dado su voto.<\/p>\n\n\n\n<p>Si una Ordenaci\u00f3n, aunque no afecte al rigor de la Orden, cambiase, sin embargo, nuestra observancia substancialmente en alg\u00fan punto, no puede promulgarse, salvo que obtenga por lo menos dos tercios de los votos emitidos de hecho, y deber\u00e1 ser confirmada por el siguiente Cap\u00edtulo en la misma forma.<\/p>\n\n\n\n<p>El Reverendo Padre, es decir, el Prior de Cartuja, es Ministro General de toda la Orden. Lo elige la Comunidad de la Gran Cartuja, pero esta elecci\u00f3n no tiene valor jur\u00eddico hasta que sea aceptada por el colegio o reuni\u00f3n de los Priores, las Prioras, y los Rectores.<\/p>\n\n\n\n<p>Cualquiera que haya sido elegido Reverendo Padre, no puede rehusar este oficio.<\/p>\n\n\n\n<p>El Reverendo Padre, a quien corresponde como Ministro General conservar la unidad de la Orden, tiene potestad ordinaria sobre las monjas cartujas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los que gozan de autoridad en la Orden, consideren siempre la mente y las leyes de la Iglesia como norma suprema seg\u00fan la cual se han de entender las tradiciones de la Orden. Los Priores, a quienes sus s\u00fabditos deben pronta obediencia, conviene que a su vez den ejemplo a sus religiosos, someti\u00e9ndose humildemente a las ordenaciones del Cap\u00edtulo General o del Reverendo Padre, y no critic\u00e1ndolas delante de otros.<\/p>\n\n\n\n<p>Para fomentar mejor la comuni\u00f3n de nuestra Orden con el Sumo Pont\u00edfice, el Reverendo Padre ha de enviar cada seis a\u00f1os un breve informe sobre la situaci\u00f3n y la vida de la Orden a la Sede Apost\u00f3lica.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c32\">Cap\u00edtulo 32<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La visita<a href=\"#c31\">\u00ab<\/a><a href=\"#c33\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El Cap\u00edtulo General, muy sol\u00edcito de que en las Casas de la Orden reinen la caridad, la paz y una fiel observancia, ha establecido que cada dos a\u00f1os se env\u00eden Visitadores a todas ellas, con el fin de expresarles la solicitud de la Orden por cada una, y con los poderes necesarios para solucionar cualquier dificultad que pueda presentarse.<\/p>\n\n\n\n<p>La Comunidad, deseando que la Visita sea un momento favorable en el que Dios comunica su gracia, recibir\u00e1 con esp\u00edritu de fe a los Visitadores o los Comisarios, que gozan de la autoridad del Cap\u00edtulo General o del Reverendo Padre. Cada monje se esforzar\u00e1 con toda voluntad en ayudarlos al cumplimiento de su cometido. Visitadores y monjes har\u00e1n todo lo posible por establecer una relaci\u00f3n de mutua confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer deber de los Visitadores es acoger a los monjes con fraterna caridad y escucharlos con suma atenci\u00f3n. Despu\u00e9s, se esfuerzan por ayudar a todos a dar al Se\u00f1or y a sus hermanos lo mejor de s\u00ed mismos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ejerzan su cargo, no como jueces, sino como hermanos a quienes los tentados y afligidos puedan abrir libremente su alma, sin temor de ver divulgadas sus confidencias. En asunto de tanta importancia no se precipiten, sino procedan sosegadamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno puede hablar libremente con los Visitadores para exponerles lo que requiere de su parte una soluci\u00f3n o un consejo, ya se trate de su vida personal o de la Comunidad. Tambi\u00e9n podr\u00e1n exponerles con esp\u00edritu constructivo, cualesquiera cosas que parezcan \u00fatiles al bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de hablar de otro monje, recojamos el coraz\u00f3n ante Dios&nbsp;; porque tanto m\u00e1s podremos practicar la verdad en la caridad, cuanto con \u00e1nimo m\u00e1s d\u00f3cil respondamos al Esp\u00edritu Santo. El que buenamente est\u00e1 en paz, de nadie sospecha. M\u00e1s vale a menudo guardar silencio, que perder tiempo hablando de cosas que no se pueden probar, o de futilidades, o aun denunciando a quienes ya est\u00e1n en camino de corregirse.<\/p>\n\n\n\n<p>A los Visitadores corresponde no s\u00f3lo dialogar con cada monje en particular, sino tambi\u00e9n con la misma Comunidad, como se hace en la primera y la \u00faltima sesi\u00f3n de la Visita.<\/p>\n\n\n\n<p>A fin de que la Visita produzca, con la ayuda del Se\u00f1or, frutos perdurables, procurar\u00e1n que la misma Comunidad tome como cosa suya su propia renovaci\u00f3n espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Los Visitadores se informar\u00e1n de la marcha de la Comunidad y de los progresos realizados desde la \u00faltima Visita, o de las dificultades que hayan sobrevenido. Estimular\u00e1n a la Comunidad a preguntarse sobre la fidelidad al esp\u00edritu y a la letra de la observancia regular conforme se expone en los Estatutos. Examinen tambi\u00e9n las cuentas de la Casa, y vean c\u00f3mo se guarda la pobreza evang\u00e9lica. Indicar\u00e1n los remedios a los abusos que quiz\u00e1s encuentren. A una con los monjes, y particularmente con el Prior, vean atentamente con qu\u00e9 disposiciones se ayudar\u00e1 a la Comunidad para que siempre progrese en la fidelidad a su vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de dar por terminada la Visita, escribir\u00e1n los Visitadores en la Carta las orientaciones que hayan dado y las decisiones tomadas, y la redactar\u00e1n en t\u00e9rminos sencillos y acomodados a las personas. Sol\u00edcitos por la continuidad del progreso de la Comunidad en su camino hacia Dios, recordar\u00e1n, si es preciso, algunos puntos ya se\u00f1alados en la Carta de la Visita precedente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 oportuno muchas veces poner antes al corriente al Prior de las medidas que piensan tomar, y escuchar sus observaciones. Conviene, en efecto, que los Visitadores conozcan las intenciones pastorales del Prior para guiar a sus monjes, a fin de apoyarlas con eficacia.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de tomar una decisi\u00f3n respecto a alguno, o de hacer alguna admonici\u00f3n, los Visitadores procuren escucharlo. Si juzgan \u00fatil hacer observaciones a un monje, se lo explicar\u00e1n de palabra y de manera que comprenda bien su intenci\u00f3n. Finalmente, no se marchen de la Casa sin antes cerciorarse de que la Comunidad ha entendido bien las intenciones y prescripciones de la Carta.<\/p>\n\n\n\n<p>Como el aprovechamiento de las Casas depende mucho de la eficacia de las Visitas, los Visitadores procedan en su oficio con solicitud y entrega, sin contentarse nunca con el cumplimiento meramente formal y exterior. Pensando \u00fanicamente en el bien de las almas, no ahorren tiempo ni esfuerzos para que su Visita aumente en los corazones la paz y el amor de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c33\">Cap\u00edtulo 33<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La conversi\u00f3n de vida<a href=\"#c32\">\u00ab<\/a><a href=\"#c34\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Cuanto m\u00e1s elevado es el camino que se nos ha abierto a los que hemos heredado de nuestros Padres una forma de vida santa, mayor peligro tenemos de caer, no s\u00f3lo por transgresiones manifiestas, sino tambi\u00e9n por el peso natural de la rutina. Como Dios da su gracia a los humildes, debemos recurrir sobre todo a \u00c9l, y estar siempre en pie de guerra, no sea que la vi\u00f1a elegida se convierta en bastarda.<\/p>\n\n\n\n<p>El que nuestro ideal de vida se mantenga a su altura, depende m\u00e1s de la fidelidad de cada uno que de la acumulaci\u00f3n de leyes, la adaptaci\u00f3n de nuestros usos, o incluso la competencia de los Priores. No bastar\u00eda obedecer las \u00f3rdenes de los Superiores y cumplir exactamente la letra de los Estatutos, si, guiados por el Esp\u00edritu, no sinti\u00e9semos seg\u00fan el Esp\u00edritu. El monje, desde el comienzo de su nueva vida colocado en la soledad, queda a su libre albedr\u00edo. Como ya no es ni\u00f1o, sino var\u00f3n, no ande fluctuando llevado por todo viento, sino examine lo que agrada a Dios y s\u00edgalo espont\u00e1neamente, poniendo en juego, con sobria sabidur\u00eda, la libertad de los hijos de Dios de que es responsable ante el Se\u00f1or. Que nadie, sin embargo, se tenga por sabio en su propia estimaci\u00f3n&nbsp;; porque quien descuida abrir su coraz\u00f3n a un gu\u00eda experimentado, es de temer que, falto de discreci\u00f3n, camine menos de lo preciso, se canse de correr o, deteni\u00e9ndose, se quede dormido.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo, pues, podremos cumplir nuestro oficio en el Pueblo de Dios como v\u00edctimas vivas, agradables a Dios, si nos dejamos separar del Hijo de Dios, que es a la vez vida y hostia por excelencia, por la relajaci\u00f3n y la inmortificaci\u00f3n, las divagaciones de la mente, la vana charlataner\u00eda, los in\u00fatiles cuidados y ocupaciones&nbsp;; o si el monje en la celda se halla aprisionado por su amor propio con miserables preocupaciones?<\/p>\n\n\n\n<p>Esforc\u00e9monos con toda energ\u00eda en estabilizar en Dios nuestros pensamientos y afectos, con sencillez de coraz\u00f3n y castidad de mente. Cada uno, olvidado de s\u00ed mismo y del camino dejado atr\u00e1s, corra hacia la meta, para alcanzar el premio a que Dios lo llama desde lo alto en Cristo Jes\u00fas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Dado que el fraterno di\u00e1logo entre los hombres no se hace perfecto sino a trav\u00e9s del mutuo respeto de las personas, ciertamente nos compete en grado m\u00e1ximo a nosotros, que moramos en la Casa de Dios, dar testimonio de la caridad que de Dios procede, cuando recibimos amablemente a los hermanos que conviven con nosotros, y nos preocupamos por abrazar con mente y coraz\u00f3n el car\u00e1cter y los modales de ellos, por m\u00e1s distintos que sean de los nuestros. Porque las enemistades, las disputas y otras cosas semejantes, nacen generalmente del desprecio de los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Evitemos todo lo que pueda perjudicar al bien de la paz&nbsp;; sobre todo, no hablemos mal de nuestro hermano. Si en la Casa nace alguna disensi\u00f3n entre unos monjes con otros o entre los monjes y el Prior, pru\u00e9bense paciente y humildemente todos los medios que puedan resolver el asunto con caridad, antes de comunicarlo a los Visitadores, al Reverendo Padre o al Cap\u00edtulo General. Lo mejor es que la paz se conserve en la familia conventual, como fruto del esfuerzo y la uni\u00f3n de todos. El Prior, en esos casos, no se muestre dominante, sino como un hermano&nbsp;; y si est\u00e1 en culpa, que la reconozca y se enmiende.<\/p>\n\n\n\n<p>Como por causa de los Priores en gran parte decae o florece el esp\u00edritu en las Casas de la Orden, procuren edificar con su ejemplo, practicando antes de ense\u00f1ar, sin permitirse hablar nada que el mismo Cristo no hubiese querido decir por ellos. Entregados a la oraci\u00f3n, al silencio y a la celda, h\u00e1ganse merecedores de la confianza de sus s\u00fabditos, y mantengan con ellos una verdadera comuni\u00f3n de caridad. Con benignidad e inter\u00e9s vean cu\u00e1l es su vida en la celda y cu\u00e1l su estado de \u00e1nimo, para atajar sus tentaciones a los comienzos, no sea que luego, cuando el mal est\u00e1 muy arraigado, se aplique demasiado tarde el remedio.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, hoy d\u00eda hay que evitar sobremanera conformarse al mundo presente. Porque el buscar demasiado y abrazar con facilidad las cosas que miran a la comodidad de la vida, contradicen totalmente a nuestro estado, especialmente porque una novedad llama a otra. Los medios que nos ha concedido la divina Providencia no son para procurarnos una vida de regalo. El camino hacia Dios es f\u00e1cil, pues se avanza por \u00e9l no carg\u00e1ndose de cosas, sino desprendi\u00e9ndose de ellas. Despoj\u00e9monos hasta tal punto que, habi\u00e9ndolo dejado todo y a nosotros mismos, participemos del estilo de vida de nuestros primeros Padres.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c34\">Cap\u00edtulo 34<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Misi\u00f3n de la Orden en la Iglesia<a href=\"#c33\">\u00ab<\/a><a href=\"#c35\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p id=\"S34_1\">Cu\u00e1nta utilidad y gozo divino traen consigo la soledad y el silencio del desierto a quien los ama, s\u00f3lo lo conocen quienes lo han experimentado. Pero esta mejor parte no la hemos elegido \u00fanicamente para nuestro propio provecho. Al abrazar la vida oculta, no abandonamos a la familia humana, sino que, consagr\u00e1ndonos exclusivamente a Dios, cumplimos una misi\u00f3n en la Iglesia, donde lo visible est\u00e1 ordenado a lo invisible, la acci\u00f3n a la contemplaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"S34_2\">Si realmente estamos unidos a Dios, no nos encerramos en nosotros mismos, sino que, por el contrario, nuestra mente se abre y nuestro coraz\u00f3n se dilata, de tal forma que pueda abarcar al universo entero y el misterio salvador de Cristo. Separados de todos, nos unimos a todos para, en nombre de todos, permanecer en la presencia del Dios vivo. Esta forma de vida que, en cuanto lo permite la condici\u00f3n humana, se orienta a Dios de forma directa y continua, nos pone en un contacto peculiar con la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, a la que solemos llamar Madre singular de los Cartujos.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"S34_3\">Tendiendo por nuestra Profesi\u00f3n \u00fanicamente a Aquel que es, damos testimonio ante un mundo demasiado implicado en las cosas terrenas, de que fuera de \u00c9l no hay Dios. Nuestra vida manifiesta que los bienes celestiales est\u00e1n presentes ya en este mundo, preanuncia la resurrecci\u00f3n y anticipa de alg\u00fan modo la renovaci\u00f3n del mundo.<\/p>\n\n\n\n<p id=\"S34_4\">Finalmente, por la penitencia participamos en la obra de salvaci\u00f3n de Cristo, el cual redimi\u00f3 al mundo esclavo del pecado, especialmente con su oraci\u00f3n al Padre y sacrific\u00e1ndose a S\u00ed mismo. Por esto, los que pretendemos vivir este aspecto cristiano de la misi\u00f3n de Cristo, aunque no nos dediquemos a ninguna acci\u00f3n externa, sin embargo ejercitamos el apostolado de una manera preeminente.<\/p>\n\n\n\n<p>Por tanto, para alabanza de Dios, a cuyo fin se fund\u00f3 especialmente la erem\u00edtica Orden cartujana, entregados a la quietud de la celda y al trabajo, ofrezc\u00e1mosle un culto incesante para que, santificados en la verdad, seamos los verdaderos adoradores que busca el Padre.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c35\">Cap\u00edtulo 35<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Los Estatutos mismos<a href=\"#c34\">\u00ab<\/a><a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-5\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Prestemos atenci\u00f3n a la disciplina de nuestros Padres, renovada y acomodada en estos Estatutos, y medit\u00e9mosla continuamente. No la abandonemos, y ella nos guardar\u00e1. Am\u00e9mosla, y nos proteger\u00e1. Ella es la forma y el sacramento de la santidad determinada por Dios para cada uno de nosotros. Pero es el Esp\u00edritu el que vivifica, y quien no nos permite contentarnos con la letra. Porque a esto tienden \u00fanicamente los presentes Estatutos, a que, guiados por el Evangelio, recorramos el camino de Dios y aprendamos la amplitud de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que no est\u00e1 expresado en los Estatutos, se deja al arbitrio del Prior, con tal que sus disposiciones est\u00e9n en armon\u00eda con ellos. No queremos, sin embargo, que por \u00e9ste u otro motivo cambien los Priores f\u00e1cilmente las costumbres sanas y religiosas de sus Casas. Sin embargo, tales costumbres nunca podr\u00e1n prevalecer contra los Estatutos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00a0Si pecare tu hermano, ve y corr\u00edgelo a solas t\u00fa con \u00e9l\u00a0\u00bb, dice el Se\u00f1or. Esto requiere una grand\u00edsima humildad y prudencia, y es da\u00f1oso a menos que se haga movido por pura caridad, que no busca su provecho. Por nuestra parte, deseemos tambi\u00e9n nosotros ser corregidos. Sin embargo, con frecuencia ser\u00e1 mejor encomendar las amonestaciones al Prior, al Vicario o al Procurador, que las llevar\u00e1n a cabo seg\u00fan se lo dicte su conciencia y prudencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes presten a los Estatutos una obediencia responsable, no por ser vistos como si buscaran agradar a los hombres, sino con sencillez de coraz\u00f3n, temerosos de Dios. No olviden que una dispensa sin causa justa, es nula. Oigan y cumplan tambi\u00e9n con toda mansedumbre los preceptos y advertencias de sus mayores, sobre todo los del Prior, que hace las veces de Dios. Y si alguna vez yerran como hombres, no tarden en enmendarse para no dar ocasi\u00f3n al demonio&nbsp;; m\u00e1s bien vuelvan, por el trabajo de la obediencia, a Aquel de quien el hombre se hab\u00eda apartado por la desidia de la desobediencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Contemplando todos los beneficios que el Se\u00f1or ha preparado a los que ha llamado al desierto, alegr\u00e9monos con nuestro Padre San Bruno de haber alcanzado el reposo tranquilo del m\u00e1s resguardado puerto, en el que somos invitados a sentir en parte la incomparable belleza del sumo Bien. Goc\u00e9monos, pues, por nuestra feliz suerte y por la abundancia de la gracia de Dios para con nosotros, dando siempre gracias a Dios Padre que nos ha hecho aptos para participar en la herencia de los santos en la luz. As\u00ed sea.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro 4&nbsp;: la Orden Cap\u00edtulo 31 El r\u00e9gimen de la Orden\u00ab\u00bb Los primeros Priores de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"parent":6144,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-6152","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6152","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6152"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6152\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6144"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6152"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}