{"id":6150,"date":"2021-12-15T16:28:58","date_gmt":"2021-12-15T15:28:58","guid":{"rendered":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/?page_id=6150"},"modified":"2021-12-16T09:58:49","modified_gmt":"2021-12-16T08:58:49","slug":"libro-3","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/es\/estatutos\/libro-3\/","title":{"rendered":"Libro 3"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Libro 3<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c21\">Cap\u00edtulo 21<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La celebraci\u00f3n cotidiana de la Liturgia<a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-2#c20\">\u00ab<\/a><a href=\"#c22\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de haber descrito la vida del monje a la escucha de Dios en la celda o en el trabajo, vamos a tratar ahora, con la ayuda del Se\u00f1or, de la Comunidad. La gracia del Esp\u00edritu Santo congrega a los solitarios para formar una comuni\u00f3n en el amor, a imagen de la Iglesia, que es una y se extiende por todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nuestro Padre San Bruno penetr\u00f3 en el desierto con seis compa\u00f1eros, segu\u00eda las huellas de los antiguos monjes, consagrados totalmente al silencio y a la pobreza de esp\u00edritu. Con todo, esta gracia propia de nuestros primeros Padres consisti\u00f3 en introducir en aquella vida la Liturgia cotidiana, que, conservando la fuerza de la instituci\u00f3n erem\u00edtica, la asociara m\u00e1s expresamente al c\u00e1ntico de alabanza que el Sumo Sacerdote, Cristo, transmiti\u00f3 a su Iglesia. Esta peculiar Liturgia la conservamos como m\u00e1s conforme a la vida contemplativa y solitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Al modo de la sinaxis de los antiguos monjes, en nuestra Liturgia ocupan el lugar m\u00e1s eminente las vigilias de la noche, seguidas inmediatamente de Laudes, la Eucarist\u00eda celebrada conventualmente, y tambi\u00e9n las V\u00edsperas. Para estos oficios nos reunimos en la iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando nos congregamos para la Eucarist\u00eda, en Cristo presente y orante se consuma la unidad de la familia cartujana. Esta conmemoraci\u00f3n del sacrificio del Se\u00f1or re\u00fane cada d\u00eda a todos los monjes del claustro y a los monjes laicos que lo deseen.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, los sacerdotes en la soledad celebran la Eucarist\u00eda, juntamente con la Iglesia&nbsp;; entonces la humilde oblaci\u00f3n de su vida en el desierto es asumida en Cristo para la gloria de Dios Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en los d\u00edas que se avienen m\u00e1s a la vida comunitaria, los monjes pueden concelebrar, unidos en un mismo sacerdocio.<\/p>\n\n\n\n<p>La oraci\u00f3n nocturna es aqu\u00e9lla en la que, perseverando en las centinelas divinas, esperamos el retorno del Se\u00f1or, para que, cuando llame, le abramos al instante. Las V\u00edsperas se celebran al tiempo en que el d\u00eda declina e invita a las almas al s\u00e1bado espiritual.<\/p>\n\n\n\n<p>Las dem\u00e1s Horas can\u00f3nicas de la Liturgia las recitamos, seg\u00fan costumbre, en la celda. Los Domingos y Solemnidades, Tercia, Sexta y Nona las cantamos en el coro.<\/p>\n\n\n\n<p>La Liturgia celebrada en el secreto de la celda se adapta a la vida solitaria, que es libertad del alma, de tal manera que pueda armonizar lo m\u00e1s posible con la inclinaci\u00f3n del coraz\u00f3n, a\u00fan cuando sea siempre un acto de nuestra vida comunitaria. Al toque de campana, orando todos a la vez, obtienen como resultado que toda la Casa sea una alabanza de la gloria de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras celebran el Oficio divino, los monjes se hacen voz y coraz\u00f3n de la misma Iglesia, que por medio de ellos ofrece a Dios Padre, en Cristo, culto de adoraci\u00f3n, alabanza y s\u00faplica, y pide humildemente perd\u00f3n por los pecados. Cargo de suma importancia, que desempe\u00f1an los monjes, ciertamente a trav\u00e9s de toda su vida, pero m\u00e1s expresa y p\u00fablicamente por medio de la sagrada Liturgia.<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo ocupaci\u00f3n del monje meditar asiduamente las Sagradas Escrituras, hasta que se conviertan en algo connatural, cuando se nos presentan por la Iglesia en la Sagrada Liturgia, las acogemos como pan de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>La Liturgia conventual se canta siempre. Nuestro canto gregoriano, el cual sabemos que fomenta la interioridad y la sobriedad del esp\u00edritu, es parte tradicional y s\u00f3lida del patrimonio de la Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes del claustro est\u00e1n obligados al Oficio divino seg\u00fan lo describen nuestros libros lit\u00fargicos. La participaci\u00f3n de los monjes laicos en la Liturgia puede realizarse de varios modos&nbsp;; en cualquier caso, participan en la oraci\u00f3n p\u00fablica de la Iglesia.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s del Oficio divino, nuestros Padres nos transmitieron el Oficio de la bienaventurada Virgen Mar\u00eda, cada una de cuyas Horas suele preceder a la Hora correspondiente del Oficio divino. Con esas preces se celebra la perenne novedad del misterio por el cual la bienaventurada Virgen engendra espiritualmente a Cristo en nuestros corazones.<\/p>\n\n\n\n<p>Puesto que el Se\u00f1or nos ha llamado para que representemos ante \u00c9l a toda criatura, es necesario que intercedamos por todos&nbsp;: por nuestros hermanos, familiares y bienhechores, y por todos los vivos y difuntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Frecuentemente celebramos la Liturgia de la reconciliaci\u00f3n, perpetua Pascua del Se\u00f1or, por la que nos renueva a nosotros, pecadores, que buscamos su rostro. En efecto, nuestra vida espiritual depende de la asidua, diligente y personal pr\u00e1ctica del Sacramento de la Penitencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque nuestra vocaci\u00f3n consiste en estar sin interrupci\u00f3n en vela cerca de Dios, toda nuestra vida se convierte en una especie de Liturgia, que en ciertos tiempos se hace m\u00e1s patente, ya sea que ofrezcamos oraciones en nombre y seg\u00fan los ritos de la Iglesia, o bien que sigamos los impulsos del propio coraz\u00f3n. Pero no nos dividimos por esta diversidad, ya que siempre ejerce en nosotros su sacerdocio el mismo Se\u00f1or, orando en el mismo Esp\u00edritu al Padre.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c22\">Cap\u00edtulo 22<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La vida com\u00fan<a href=\"#c21\">\u00ab<\/a><a href=\"#c23\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en las celdas o en las obediencias practicamos la vida solitaria, el coraz\u00f3n se inflama y se alimenta con el fuego de la divina caridad, que es v\u00ednculo de perfecci\u00f3n, y nos constituye miembros de un mismo cuerpo. Este amor mutuo que nos tenemos, podemos manifestarlo gozosamente con palabras y obras, o abneg\u00e1ndonos por nuestros hermanos, cuando nos reunimos en las horas se\u00f1aladas por los Estatutos.<\/p>\n\n\n\n<p>La sagrada Liturgia es la parte m\u00e1s digna de la vida com\u00fan, como quiera que fundamenta la m\u00e1xima uni\u00f3n entre nosotros, cuando, diariamente unidos, de tal manera participamos en ella que podamos estar concordes en presencia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>El Cap\u00edtulo de la Casa es un lugar particularmente digno&nbsp;; en \u00e9l fuimos recibidos un d\u00eda cada uno como el m\u00e1s humilde servidor de todos&nbsp;; en \u00e9l reconocemos ante nuestros hermanos las faltas cometidas despu\u00e9s&nbsp;; all\u00ed escuchamos la lectura sagrada, y all\u00ed tambi\u00e9n deliberamos sobre cuestiones que afectan al bien com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>En algunas Solemnidades nos reunimos todos en el Cap\u00edtulo para o\u00edr el serm\u00f3n pronunciado por el Prior o por otro a quien \u00e9l haya encargado.<\/p>\n\n\n\n<p>En los Domingos y Solemnidades \u2013 exceptuadas las Solemnidades de Navidad del Se\u00f1or, Pascua y Pentecost\u00e9s, y todas las que en la Cuaresma ocurren entre semana \u2013 despu\u00e9s de Nona vamos al Cap\u00edtulo para atender a la lectura del Evangelio o de los Estatutos. Cada dos semanas o una vez al mes, seg\u00fan la costumbre de las Casas, reconocemos all\u00ed p\u00fablicamente las faltas. Cada uno puede confesar las faltas cometidas contra los hermanos, contra los Estatutos, o tambi\u00e9n contra las obligaciones generales de nuestra observancia. Y porque no se guarda la soledad del coraz\u00f3n sino por el antemural del silencio, quien lo haya quebrantado reconocer\u00e1 siempre su falta, y sufrir\u00e1 alguna penitencia p\u00fablica, seg\u00fan costumbre. Despu\u00e9s de la acusaci\u00f3n, el Prior podr\u00e1 oportunamente hacer admoniciones.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hermanos se re\u00fanen los Domingos en el Cap\u00edtulo o en otro lugar, a una hora apropiada, y all\u00ed se les leen y explican los Estatutos, o un padre encargado por el Prior los instruye en la doctrina cristiana. All\u00ed mismo reconocen sus culpas, a no ser que hayan asistido al Cap\u00edtulo juntamente con los padres.<\/p>\n\n\n\n<p>A juicio del Prior, los monjes se re\u00fanen en el Cap\u00edtulo siempre que haya que deliberar sobre un asunto, o que el Prior pida el parecer de la Comunidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Comemos juntos en el refectorio los Domingos y Solemnidades&nbsp;; en estos d\u00edas nos reunimos m\u00e1s a menudo dando lugar a las expansiones de la vida de familia. El refectorio, al que entramos despu\u00e9s de un Oficio en la iglesia, nos recuerda la Cena que Cristo consagr\u00f3&nbsp;; bendice las mesas el sacerdote que ha celebrado la Misa conventual&nbsp;; y mientras se nos sirve el alimento corporal, nos nutrimos de la lectura divina.<\/p>\n\n\n\n<p>A los padres se les concede una recreaci\u00f3n com\u00fan despu\u00e9s del Cap\u00edtulo de Nona&nbsp;; a los hermanos, a juicio del Prior, en cualquier solemnidad, para quienes lo quieran. Una vez al mes hay un coloquio para todos los hermanos&nbsp;; este d\u00eda, a voluntad del Prior, padres y hermanos pueden tener una recreaci\u00f3n com\u00fan, a la que tambi\u00e9n pueden asistir los novicios y profesos temporales.<\/p>\n\n\n\n<p>En las recreaciones, recordemos el consejo del Ap\u00f3stol&nbsp;: \u00ab\u00a0Alegraos, tened un mismo sentir, vivid en paz, y el Dios del amor y de la paz estar\u00e1 con vosotros\u00a0\u00bb. Como la recreaci\u00f3n es una reuni\u00f3n de Comunidad, evitemos quedarnos aparte o hablar fuera del lugar donde est\u00e1n todos reunidos, a no ser unas pocas palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya que, como dice San Bruno, el \u00e1nimo pusil\u00e1nime, cansado por la estrecha disciplina y los afanes espirituales, muchas veces se aligera y toma aliento con la amenidad del desierto y la belleza del campo, los padres tienen un espaciamiento cada semana, exceptuada la Semana Santa. Por su parte, los hermanos tienen un espaciamiento al mes, a gusto de cada uno, quienes, sin embargo, deber\u00e1n tomar parte en \u00e9l al menos tres o cuatro veces al a\u00f1o. En este espaciamiento, padres y hermanos, a juicio del Prior, pueden pasear juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan antigua costumbre de la Orden, una vez al a\u00f1o se concede un gran espaciamiento, que padres y hermanos, novicios y j\u00f3venes profesos pueden hacer juntos, si el Prior lo ve oportuno. En ese d\u00eda est\u00e1 permitido salir de los l\u00edmites del espaciamiento aprobados por el Cap\u00edtulo General, y podemos llevar algo de comida para tomar en \u00e9l. Pero aun en este caso se ha de guardar la frugalidad cartujana, y comer lejos de los extra\u00f1os. Adem\u00e1s, el Prior puede conceder otro semejante, pero sin que se coma en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestros espaciamientos sean tales que favorezcan la uni\u00f3n de los esp\u00edritus y su saludable aprovechamiento. Por ello, siguiendo todos el mismo camino, paseen juntos para que todos puedan hablar alternativamente unos con otros, a no ser que, por alguna causa razonable, parezca mejor formar dos o tres grupos. Y si tienen que atravesar necesariamente por los pueblos vecinos, se contentar\u00e1n con pasar sencillamente y con toda modestia, sin entrar nunca en casas de seglares. No hablen con los extra\u00f1os, ni les den nada. Tampoco coman en los paseos, ni beban otra cosa que agua natural de las fuentes que encuentren en el camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Estas recreaciones fueron establecidas para fomentar el amor mutuo y dar un alivio a la soledad. Evitemos la locuacidad y las voces y risas descompuestas&nbsp;; sean nuestras conversaciones religiosas, no vanas ni aseglaradas, evitando cuidadosamente toda sombra de detracci\u00f3n o murmuraci\u00f3n. Cuando no estemos de acuerdo con otro, sepamos escucharlo, procurando comprender su mentalidad, a fin de que todo sirva para estrechar m\u00e1s el v\u00ednculo de la caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tres veces al a\u00f1o, los padres hacen obras comunes, a voluntad del Prior, que tambi\u00e9n podr\u00e1 omitirlas. Entre Nona y V\u00edsperas se hace el trabajo en com\u00fan, guardando silencio. Estos trabajos pueden durar tres d\u00edas. Adem\u00e1s de las ayudas que se presten al Sacrist\u00e1n, el Prior puede encargar alg\u00fan trabajo que alivie a los hermanos&nbsp;; y as\u00ed los padres se alegrar\u00e1n de tener una ocasi\u00f3n de participar en las tareas de los hermanos. En la semana en la que se hacen obras comunes, a cualquier padre le es l\u00edcito no asistir al espaciamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Una vez al mes, los padres que quieran pueden, con la aprobaci\u00f3n del Prior, dedicar el tiempo del paseo a alg\u00fan trabajo a modo de obras comunes, con permiso para hablar entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c23\">Cap\u00edtulo 23<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El Prior<a href=\"#c22\">\u00ab<\/a><a href=\"#c26\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">La elecci\u00f3n del Prior<\/h4>\n\n\n\n<p>Toda Casa de la Orden donde est\u00e1n presentes al menos seis profesos capaces de elegir, pueden elegir a su Prior. Pero la elecci\u00f3n debe hacerse dentro de los cuarenta d\u00edas&nbsp;; transcurrido ese tiempo, proveer\u00e1 de nuevo Prior el Reverendo Padre o el Cap\u00edtulo General.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading\">El ministerio del Prior<\/h4>\n\n\n\n<p>El Prior, a ejemplo de Cristo, est\u00e1 entre sus hermanos como quien sirve&nbsp;; los rige seg\u00fan el esp\u00edritu del Evangelio y seg\u00fan la tradici\u00f3n de la Orden que \u00e9l mismo ha recibido. Se esfuerza por ser \u00fatil a todos con su palabra y su ejemplo de vida. Ser\u00e1, en particular para los monjes del claustro, de los cuales procede, un modelo de quietud contemplativa, estabilidad, soledad y fidelidad a las observancias de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ni su puesto ni su vestido se diferencian en nada de los dem\u00e1s por su dignidad o lujo, ni tampoco lleva ning\u00fan distintivo que lo d\u00e9 a conocer como Prior.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior, que es en el monasterio el padre com\u00fan de todos, debe mostrar la misma solicitud por los hermanos y por los padres. Los visitar\u00e1 de vez en cuando en sus celdas y obediencias. Si alguno acude a su celda, lo acoger\u00e1 con gran caridad, y siempre escuchar\u00e1 con agrado a cada uno. Ser\u00e1 tal que sus monjes, sobre todo en las pruebas, puedan recurrir a \u00e9l como al regazo de un padre lleno de bondad y abrirle, si lo desean, su alma libre y espont\u00e1neamente. No juzgando con miras humanas, se esforzar\u00e1 con sus monjes por estar a la escucha del Esp\u00edritu en la b\u00fasqueda com\u00fan de la voluntad de Dios, de la que, por la misi\u00f3n que ha recibido, es int\u00e9rprete para sus hermanos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior no debe, para hacerse querer, relajar la disciplina regular, porque esto no es guardar las ovejas, sino perderlas. Por el contrario, gobierne a los monjes como a hijos de Dios, promoviendo su voluntaria sujeci\u00f3n, para que en la soledad se conformen m\u00e1s plenamente a Cristo obediente.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes, por su parte, amen en Cristo y reverencien a su Prior, y trib\u00fatenle siempre humilde obediencia. Conf\u00eden en \u00e9l, que ha tomado el cuidado de sus almas en el Se\u00f1or, abandonando toda preocupaci\u00f3n en aqu\u00e9l que se cree hace las veces de Cristo. No se tengan por sabios en su propia estimaci\u00f3n, fiados en su propio juicio, sino que, inclinando su coraz\u00f3n a la verdad, escuchen los consejos de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p>A los m\u00e1s j\u00f3venes, cuando empiezan a vivir entre los profesos solemnes, a los conversos reci\u00e9n hechos sus votos solemnes, y a los donados que ya no est\u00e1n bajo la tutela del Maestro, no los deje el Prior abandonados a s\u00ed mismos y al arbitrio de su propia voluntad, pues la experiencia ense\u00f1a que estos a\u00f1os son los m\u00e1s peligrosos para nuestra vocaci\u00f3n, y que de ellos depende todo el resto de nuestra vida. Ay\u00fadelos como padre, e incluso como hermano, dialogando con ellos sencillamente en particular. En cuanto sea posible, evite el poner a los monjes en los cargos apenas han terminado los estudios, sobre todo en el de Procurador.<\/p>\n\n\n\n<p>Vele el Prior para que se tenga normalmente el Cap\u00edtulo de los hermanos. Cuide, adem\u00e1s, de que una vez por semana se les explique la doctrina cristiana o los Estatutos. Y como \u00e9ste es un deber suyo grave, ponga sumo empe\u00f1o en que los hermanos adquieran una s\u00f3lida formaci\u00f3n y se les proporcionen libros adecuados para ello.<\/p>\n\n\n\n<p>Muestre un cuidado especial con los enfermos, tentados y afligidos, sabiendo por experiencia cu\u00e1n dura puede resultarnos a veces la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Como los libros son el alimento perenne de nuestras almas, el Prior facil\u00edteselos gustosamente a sus monjes. Conviene que se nutran principalmente de la Sagrada Escritura, de los Padres de la Iglesia y de los buenos autores mon\u00e1sticos. Sumin\u00edstreles tambi\u00e9n otros libros s\u00f3lidos, cuidadosamente seleccionados para utilidad de cada cual. Pues en la soledad nos dedicamos a la lectura, no para conocer todas las nuevas opiniones, sino para alimentar la fe en la paz y favorecer la oraci\u00f3n. Tambi\u00e9n puede el Prior, si es preciso, prohibir alg\u00fan libro a sus monjes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior, para tomar alguna decisi\u00f3n en las cosas de mayor importancia relacionadas con las obediencias de los Oficiales, ap\u00f3yese en ellos despu\u00e9s de haber cambiado impresiones y de com\u00fan acuerdo. Ellos, por su parte, som\u00e9tanse siempre a sus \u00f3rdenes con \u00e1nimo filial. Aprenda \u00e9l a conocerlos con sus dificultades, con \u00e1nimo paternal, ay\u00fadelos, defienda su autoridad en presencia de todos, y, si es necesario, repr\u00e9ndalos con caridad. Proceda de tal modo que no s\u00f3lo parezca interesarse por el orden externo, sino que, personalmente fiel al Esp\u00edritu, muestre a todos la caridad de Cristo. Porque la paz y concordia de la Casa depende en gran parte de que los Oficiales est\u00e9n unidos con el Prior y de com\u00fan acuerdo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior no debe comer en su Casa con los hu\u00e9spedes desordenada e indiferentemente, sino solamente con las personas a las que no se les puede negar f\u00e1cilmente esta atenci\u00f3n, y aun entonces, cuantas menos veces, mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior que por vejez o enfermedad no puede regir su grey ni darle ejemplo de vida regular, lo reconozca humildemente y, sin esperar al Cap\u00edtulo General, pida la misericordia al Reverendo Padre. Exhortamos a los Definidores que no mantengan en el cargo de Prior a personas gastadas por la vejez o poca salud.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior, cuyo cargo requiere no poca abnegaci\u00f3n, apl\u00edquese a s\u00ed mismo aquellas palabras de Guigo&nbsp;: \u00ab\u00a0No has de empe\u00f1arte en que tus hijos, a cuyo servicio te ha puesto el Se\u00f1or, hagan lo que t\u00fa quieres, sino lo que les conviene. T\u00fa te debes amoldar a ellos para su bien, y no doblegarlos a tu voluntad, pues no se te han encomendado s\u00f3lo para que los presidas, sino para que los aproveches\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c26\">Cap\u00edtulo 26<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El Procurador<a href=\"#c23\">\u00ab<\/a><a href=\"#c27\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El Prior pone al frente de los hermanos de la Casa a un monje de entre los profesos solemnes como diligente Procurador&nbsp;; as\u00ed queremos que sea llamado. el cual, aunque a ejemplo de Marta, cuyo oficio acepta, tambi\u00e9n \u00e9l necesariamente tiene que afanarse y preocuparse de muchas cosas, sin embargo, no debe abandonar completamente o tomar aversi\u00f3n al silencio y quietud de la celda, sino m\u00e1s bien recurre siempre a la celda, en cuanto se lo permiten los negocios de la Casa, como al abrigo del m\u00e1s seguro y tranquilo puerto, para calmar \u2013 leyendo, orando, meditando \u2013 los turbulentos movimientos de su \u00e1nimo que nacen del cuidado o administraci\u00f3n de las cosas exteriores&nbsp;; y para que pueda guardar, en lo secreto de su coraz\u00f3n algo provechoso que exponer con unci\u00f3n y sabidur\u00eda a los hermanos a \u00e9l confiados.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador debe visitar en todo tiempo a los monjes enfermos que no asisten a la iglesia, mostr\u00e1ndose con ellos sol\u00edcito y amable. Fuera de este caso, no visita a los padres, ni entra en sus celdas sin permiso, ni puede hablar con ellos fuera de la celda, sino cuando los encuentre en un coloquio concedido por el Presidente&nbsp;; sin embargo, puede cambiar unas palabras a la puerta de la celda. Pero cuide mucho de no difundir noticias del mundo por la Casa, pues su funci\u00f3n propia es procurar que los monjes puedan consagrarse a la quietud contemplativa.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador debe velar sol\u00edcito por las obediencias de los hermanos y por la salud corporal de \u00e9stos, atendi\u00e9ndolos con toda caridad. Lo primero, deles ejemplo, porque m\u00e1s son estimulados con hechos que con palabras&nbsp;; gustosamente imitar\u00e1n al Procurador, si \u00e9ste imita a Cristo. Procure, sobre todo, no cargar a los hermanos con excesivo trabajo&nbsp;; y a fin de que puedan gozar en la celda del suficiente recogimiento, el tiempo dedicado al trabajo no pase normalmente de siete horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Sea cada hermano responsable de su obediencia, y, a su vez, el Procurador apoye su autoridad en los trabajos que se le encomienden. Sobre ellos debe consultar el hermano al Procurador, y someterse a su voluntad&nbsp;; sin embargo, en cuanto lo permitan las cosas, el Procurador deje obrar a los hermanos con la debida libertad, para que cumplan mejor sus encargos&nbsp;; y si quisiere cambiar algo en sus obediencias, no lo hace sin consultarlos, o por lo menos sin avisarlos antes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador, como tambi\u00e9n los otros Oficiales de la Casa, deben vigilarse para no abusar de su cargo y concederse dispensas o cosas no necesarias, que no querr\u00edan conceder a los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador debe mostrarse atento con los hu\u00e9spedes, salir a recibirlos cuando llegan, y visitarlos luego. Ausente el Prior, el Procurador puede dejar de acudir al refectorio para asistir a los hu\u00e9spedes. Pero no coma desordenada e indiferentemente con todos, sino solamente con las personas a las que no se les puede negar f\u00e1cilmente esta atenci\u00f3n&nbsp;; y esto, cuantas menos veces, mejor. Fuera del Procurador, y del Vicario cuando est\u00e1 ausente el Prior, ning\u00fan monje asista a la comida de los hu\u00e9spedes.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador que deja la procura, deja tambi\u00e9n toda preocupaci\u00f3n y toda cosa superflua, para seguir a Cristo desnudo en el desierto.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c27\">Cap\u00edtulo 27<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Los enfermos<a href=\"#c26\">\u00ab<\/a><a href=\"#c28\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La enfermedad o la vejez nos sugieren un nuevo acto de fe en el Padre, que por medio de estas penalidades nos configura m\u00e1s estrictamente con Cristo. Asociados as\u00ed de modo especial a la obra de la Redenci\u00f3n, nos unimos m\u00e1s \u00edntimamente a todo el Cuerpo M\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>El Prior muestre una peculiar solicitud y misericordia con los enfermos, los ancianos y los atribulados. Y lo mismo se recomienda tambi\u00e9n a todos los encargados del cuidado de los enfermos. Seg\u00fan las posibilidades de la Casa, sumin\u00edstreseles caritativamente cuanto sea necesario y conveniente. Todos los servicios, aun los m\u00e1s particulares, que no puedan ellos hacerse por s\u00ed mismos, se los prestar\u00e1n los dem\u00e1s humildemente, sinti\u00e9ndose feliz aquel a quien se le mande tal cosa. Los que sufren alguna enfermedad nerviosa, particularmente gravosa en la soledad, sean ayudados todo lo posible, para que comprendan que pueden dar gloria a Dios olvid\u00e1ndose de s\u00ed mismos y entreg\u00e1ndose confiadamente a la voluntad de Aquel que es Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, es preciso recordar a los enfermos, como dice san Benito, que cuiden de no contristar a sus enfermeros pidiendo cosas superfluas o imposibles, o quiz\u00e1 murmurando. El recuerdo de la vocaci\u00f3n que han abrazado les har\u00e1 ver que, como hay diferencia entre un monje sano y un seglar sano, debe haberla entre un monje enfermo y un seglar enfermo. No permita Dios que con ocasi\u00f3n de la enfermedad se apoque su esp\u00edritu y resulte in\u00fatil la visita del Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>A \u00e9stos, pues, se los exhorta a considerar los sufrimientos de Cristo, a aqu\u00e9llos, su misericordia. Entonces, \u00e9stos se sentir\u00e1n animosos para soportar&nbsp;; aqu\u00e9llos, prontos para servir. Y mientras \u00e9stos consideran que se les sirve por Cristo, aqu\u00e9llos, que sirven a Cristo&nbsp;; ni \u00e9stos se envanecen, ni aqu\u00e9llos se desaniman, esperando unos y otros del mismo Se\u00f1or la recompensa de su deber, \u00e9stos, de sufrir, aqu\u00e9llos, de compadecerse.<\/p>\n\n\n\n<p>Como pobres de Cristo, nos contentaremos con el m\u00e9dico ordinario de la Casa o, si el caso lo pide, con alg\u00fan especialista de las ciudades pr\u00f3ximas. Si alg\u00fan padre se ve obligado a recurrir a dicho especialista que no sea el m\u00e9dico ordinario, el Prior le puede permitir que vaya a una de las ciudades pr\u00f3ximas designadas por los Visitadores con el consentimiento del Cap\u00edtulo General o del Reverendo Padre, con tal que vuelva el mismo d\u00eda. Igualmente, el Prior puede permitir que sea hospitalizado un monje, pero conviene que sea informado el Reverendo Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestros enfermos, dedicados a la soledad, reciben los cuidados necesarios en la propia celda, en cuanto es posible. No estamos obligados a seguir las prescripciones de algunos m\u00e9dicos que favorecen las salidas de Casa, o que recetan remedios o cuidados contrarios a nuestra vocaci\u00f3n, pues s\u00f3lo nosotros somos responsables ante Dios de nuestros votos. Se ha de evitar tambi\u00e9n abusar de medicinas, con detrimento de la perfecci\u00f3n y de la misma salud corporal, y con gravamen de la Casa.<\/p>\n\n\n\n<p>En todas estas cosas, entregu\u00e9monos con docilidad de alma a la voluntad de Dios, y recordemos que la prueba de la enfermedad nos prepara para el gozo eterno, sintiendo con el salmista&nbsp;: \u00ab\u00a0Qu\u00e9 alegr\u00eda cuando me dijeron&nbsp;: vamos a la casa del Se\u00f1or\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c28\">Cap\u00edtulo 28<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La pobreza<a href=\"#c27\">\u00ab<\/a><a href=\"#c29\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El monje eligi\u00f3 seguir a Cristo pobre, para enriquecerse con su pobreza. No apoy\u00e1ndose en lo terreno sino en Dios, tiene su tesoro en el cielo, adonde tiende su coraz\u00f3n. Por consiguiente, sin considerar nada como propio, est\u00e1 preparado a poner gustosa y libremente en manos de su Prior todas las cosas que se le han concedido, cuantas veces \u00e9ste quisiere.<\/p>\n\n\n\n<p>Los profesos solemnes nada tienen en particular, fuera de las cosas que la Orden les concede para el simple uso. Tambi\u00e9n renunciaron a la facultad de pedir, recibir, dar o enajenar alguna cosa sin permiso. Aun entre nosotros, tampoco podemos cambiar o recibir algo sin licencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Los profesos de votos temporales y los donados, aunque conservan la propiedad de sus bienes y la capacidad de adquirir otros, no tienen nada consigo, como tampoco los novicios. El Maestro ense\u00f1e individualmente a sus alumnos el desprendimiento de los bienes temporales y de las comodidades, y el amor a la pobreza.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Guigo, si a un monje le env\u00eda alg\u00fan amigo o pariente ropa o algo por el estilo, no se le da a \u00e9l, sino m\u00e1s bien a otro, para que no parezca que lo tiene como propio. As\u00ed, pues, ninguna persona de la Orden se atreva a reclamar el usufructo o cualquier otro t\u00edtulo de propiedad sobre los libros u otra cosa adquirida por la Orden gracias a \u00e9l&nbsp;; mas si se le concede el uso, ac\u00e9ptelo con agradecimiento, no como de cosa propia sino ajena. Nadie tenga nunca dinero a su arbitrio, ni lo guarde en su poder.<\/p>\n\n\n\n<p>Y porque el Hijo del hombre no tuvo donde reclinar su cabeza, obs\u00e9rvense plenamente en nuestras celdas la sencillez y la pobreza. Retiremos de ellas con perseverante empe\u00f1o lo superfluo y lo llamativo, incluso pidiendo con agrado el parecer del Prior.<\/p>\n\n\n\n<p>No tenga nuestro vestido nada de lujoso o superfluo contrario a la sencillez y pobreza religiosa. Pues en todas estas cosas, nuestros Padres no se preocupaban sino de preservarse del fr\u00edo y cubrir la desnudez, juzgando que, ciertamente, a los cartujos les corresponde la rusticidad en su ropa y en todas las dem\u00e1s cosas que usan. Siguiendo su esp\u00edritu, procuremos, sin embargo, que tanto la ropa como la celda de cada uno est\u00e9n limpias y en buen orden.<\/p>\n\n\n\n<p>A no ser que estemos de viaje o enfermos, componemos la cama con mon\u00e1stica austeridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Los instrumentos de cierto precio s\u00f3lo se permitir\u00e1n a quienes, seg\u00fan el juicio del Prior, parezca necesario. Los instrumentos m\u00fasicos no est\u00e1n de acuerdo con nuestra vocaci\u00f3n, ni los juegos, sean del g\u00e9nero que sean. Sin embargo, para aprender nuestro canto pueden admitirse instrumentos que educan la voz o la graban. Quedan totalmente excluidos de entre nosotros los instrumentos radiof\u00f3nicos.<\/p>\n\n\n\n<p>Es tan grande la variedad de las condiciones locales, que con frecuencia lo que en un lugar es necesario resulta superfluo en otro, y as\u00ed no es posible establecer una ley universal para todos. Exhortamos, pues, a los Priores que atiendan ben\u00e9volos a todas las necesidades reales de sus monjes, en cuanto lo permitan los recursos de la Casa. Movidos por la caridad de Cristo, no permitan que se los pueda reprender justamente en esto, ni que, por su mezquindad, se vean los monjes inducidos al vicio de propiedad. La pobreza ser\u00e1 tanto m\u00e1s grata a Dios, cuanto m\u00e1s voluntaria, y lo laudable no es carecer de las comodidades del mundo, sino haber renunciado a ellas.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c29\">Cap\u00edtulo 29<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La administraci\u00f3n de los bienes temporales<a href=\"#c28\">\u00ab<\/a><a href=\"#c30\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El Prior no cuida cosas suyas o de los hombres, sino las de Cristo pobre, a quien habr\u00e1 de dar cuenta de todo. A \u00e9l le corresponde dirigir a los Oficiales y subordinados en la administraci\u00f3n de los bienes, emplearlos con discreci\u00f3n, seg\u00fan Dios, la propia conciencia y el criterio de la Orden y de los Estatutos, y velar sol\u00edcitamente para que no se malgaste nada.<\/p>\n\n\n\n<p>El Procurador presenta al Prior reci\u00e9n instalado el estado de los bienes principales de la Casa, tanto muebles como inmuebles, que ser\u00e1 firmado por el Prior y su Consejo. El acta de esta relaci\u00f3n se guardar\u00e1 en el archivo de la Casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Para el sostenimiento de nuestras Casas determinaron nuestros Padres no fiarse en los donativos que se reciben, sino, con la ayuda del Se\u00f1or, disponer de alguna renta anual fija. Pues les parec\u00eda que por beneficios inciertos no se han de asumir cargas ciertas, que, luego, no se pueden ni sostener ni abandonar sin gran peligro&nbsp;; los cuales, adem\u00e1s, sintieron horror por la costumbre de andar por el mundo pidiendo limosna.<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos, sin embargo, que con la ayuda de Dios nos bastar\u00e1n unos recursos modestos, si persevera el empe\u00f1o del antiguo prop\u00f3sito de humildad, pobreza y sobriedad en la comida, en el vestido y dem\u00e1s cosas pertenecientes a nuestro uso, y si, en resumen, el desprecio del mundo y el amor de Dios, por quien se han de soportar y hacer todas las cosas, va creciendo de d\u00eda en d\u00eda. A nosotros tambi\u00e9n se refieren las palabras del Se\u00f1or&nbsp;: \u00ab\u00a0No os inquiet\u00e9is por el d\u00eda de ma\u00f1ana, pues bien sabe vuestro Padre celestial que de todo eso ten\u00e9is necesidad. Buscad primero el reino de Dios y su justicia\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la Casa puede poseer todo lo necesario para la vida de la Comunidad seg\u00fan la naturaleza de nuestro Instituto, se debe rehuir cualquier lujo, lucro inmoderado y acumulaci\u00f3n de bienes, para dar testimonio de verdadera pobreza. Pues no basta que los monjes se sometan al Superior en el uso de los bienes&nbsp;; es preciso que, como Cristo, sean pobres realmente, teniendo su tesoro en el cielo. No s\u00f3lo se ha de evitar la suntuosidad, sino tambi\u00e9n la comodidad excesiva, para que todo en nuestras Casas tenga ese aire de sencillez caracter\u00edstico de nuestra vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestros edificios sean ciertamente adecuados e id\u00f3neos para nuestro modo de vida&nbsp;; pero en todas partes quede a salvo en ellos la sencillez. Porque nuestras Casas deben dar testimonio no de vanagloria o de arte, sino de pobreza evang\u00e9lica.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, exhortamos y rogamos a todos los Priores de nuestra Orden, por las entra\u00f1as de Jesucristo, Dios y Salvador nuestro, inmolado por nosotros en el le\u00f1o de la Cruz, que todos se apliquen de todo coraz\u00f3n, seg\u00fan las posibilidades de sus Casas, a hacer limosnas con gran generosidad, teniendo en cuenta que cuanto despilfarren o inmoderadamente ahorren es hurtarlo a los pobres y a las necesidades de la Iglesia. As\u00ed, conservando este fin com\u00fan de los bienes, imitemos a los primeros cristianos que no consideraban como propia ninguna cosa, sino que todas las ten\u00edan en com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c30\">Cap\u00edtulo 30<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La estabilidad<a href=\"#c29\">\u00ab<\/a><a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-4\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El monje no ofrece a Dios la perfecta oblaci\u00f3n de s\u00ed mismo, a menos que durante toda la vida permanezca constante en su prop\u00f3sito, lo que libremente promete cumplir en la Profesi\u00f3n solemne. Por tanto, como \u00e9sta es irrevocable, antes de hacerla piense con calma si realmente quiere entregarse para siempre a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>En fuerza de la Profesi\u00f3n, el monje se inserta en la Comunidad como en la familia que Dios le ha dado, en la que tiene que estabilizarse en cuerpo y alma.<\/p>\n\n\n\n<p>Cada uno, por tanto, una vez que se ha consagrado en su estado, sea padre o hermano, esm\u00e9rese por perseverar y aventajarse en la vocaci\u00f3n a la que fue llamado, para una m\u00e1s abundante santidad de la Iglesia, y para mayor gloria de la Trinidad, una e indivisible.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes no crean con facilidad que tienen razones de peso para pedir a sus Superiores el traslado. El espejismo y el deseo de cambios de lugar han enga\u00f1ado a muchos, y desdice del monje el estar tan pendiente del clima, la alimentaci\u00f3n, el car\u00e1cter de los hombres y otras particularidades por el estilo.<\/p>\n\n\n\n<p>Sabemos cu\u00e1nto favorecen a la contemplaci\u00f3n de los divinos misterios la paciencia y la perseverancia en las condiciones de vida que el Se\u00f1or nos ha se\u00f1alado. Porque es imposible que el hombre centre su alma en una sola cosa, si antes no fija perseverantemente su cuerpo en un lugar&nbsp;; y tambi\u00e9n la mente debe abrazarse inquebrantablemente a su vocaci\u00f3n, para poder acercarse a Aquel en quien no hay cambio ni sombra de mudanza.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro 3 Cap\u00edtulo 21 La celebraci\u00f3n cotidiana de la Liturgia\u00ab\u00bb Despu\u00e9s de haber descrito la vida [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"parent":6144,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-6150","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6150","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6150"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6150\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6144"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6150"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}