{"id":6146,"date":"2021-12-15T16:27:40","date_gmt":"2021-12-15T15:27:40","guid":{"rendered":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/?page_id=6146"},"modified":"2021-12-16T09:55:14","modified_gmt":"2021-12-16T08:55:14","slug":"libro-1","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/es\/estatutos\/libro-1\/","title":{"rendered":"Libro 1"},"content":{"rendered":"\n<h2 class=\"wp-block-heading\">Libro 1&nbsp;: Los monjes del claustro<\/h2>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c3\">Cap\u00edtulo 3<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Los monjes del claustro<a href=\"\/moines\/es\/estatutos#c2\">\u00ab<\/a><a href=\"#c4\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Los que fueron Padres de nuestra Religi\u00f3n segu\u00edan la luz del oriente, la de aquellos antiguos monjes que, caliente a\u00fan en sus corazones el recuerdo de la Sangre reci\u00e9n derramada por el Se\u00f1or, llenaron los desiertos para dedicarse a la soledad y la pobreza de esp\u00edritu. Por consiguiente, los monjes del claustro, que siguen este mismo camino, conviene que vivan como ellos en yermos suficientemente alejados de toda vivienda humana, y en celdas libres de todo ruido, tanto del mundo como de la misma Casa&nbsp;; sobre todo, que permanezcan ajenos a los rumores del siglo.<\/p>\n\n\n\n<p>Quien persevera firme en la celda y por ella es formado, tiende a que todo el conjunto de su vida se unifique y convierta en una constante oraci\u00f3n. Pero no podr\u00e1 entrar en este reposo sin haberse ejercitado en el esfuerzo de duro combate, ya por las austeridades en las que se mantiene por familiaridad con la cruz, ya por las visitas del Se\u00f1or mediante las cuales lo prueba como oro en el crisol. As\u00ed, purificado por la paciencia, consolado y robustecido por la asidua meditaci\u00f3n de las Escrituras, e introducido en lo profundo de su coraz\u00f3n por la gracia del Esp\u00edritu, podr\u00e1 ya no s\u00f3lo servir a Dios, sino tambi\u00e9n unirse a \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene tambi\u00e9n ocuparse en alg\u00fan trabajo manual, no tanto por simple distracci\u00f3n del \u00e1nimo, cuanto para someter el cuerpo a la ley com\u00fan de los hombres y conservar y fomentar el gusto por los ejercicios espirituales. Por eso se le conceden al monje en su celda los utensilios necesarios, a fin de evitar que se vea forzado a salir de ella&nbsp;; porque esto no le est\u00e1 nunca permitido, a no ser para las reuniones en la iglesia o en el claustro, y en otras ocasiones previstas por la regla. Ahora bien, cuanto m\u00e1s austera es la senda que hemos abrazado, tanto m\u00e1s estrictamente nos obliga la pobreza en todas las cosas de nuestro uso. Porque es necesario que sigamos el ejemplo de Cristo pobre, si queremos participar de sus riquezas.<\/p>\n\n\n\n<p>Unidos en comunidad por el amor al Se\u00f1or, la oraci\u00f3n y el celo por la soledad, mu\u00e9strense los monjes del claustro como verdaderos disc\u00edpulos de Cristo, no tanto de palabra cuanto de obra&nbsp;; \u00e1mense mutuamente, teniendo los mismos sentimientos, soport\u00e1ndose y perdon\u00e1ndose si alguno tiene queja contra otro, a fin de que con una misma voz honren a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Mantengan tambi\u00e9n los padres en su esp\u00edritu el \u00edntimo v\u00ednculo por el cual est\u00e1n unidos en Cristo con los hermanos. Reconozcan que dependen de ellos para poder ofrecer al Se\u00f1or una oraci\u00f3n pura en la quietud y la soledad de la celda. Recuerden que el sacerdocio al que han sido elevados representa un servicio a la Iglesia, principalmente en los miembros m\u00e1s pr\u00f3ximos, es decir, los hermanos de la propia Casa. Teni\u00e9ndose mutua deferencia, padres y hermanos vivan en la caridad que es v\u00ednculo de perfecci\u00f3n y fundamento y cumbre de toda vida consagrada a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Es propio del Prior mostrar en s\u00ed mismo a todos sus hijos, monjes del claustro y laicos, un signo vivo del amor del Padre celestial, y reunirlos en Cristo de tal manera que formen una familia, y cada una de nuestras Casas sea realmente, seg\u00fan la expresi\u00f3n de Guigo, una iglesia cartujana.<\/p>\n\n\n\n<p>La cual tiene su ra\u00edz y fundamento en la celebraci\u00f3n del Sacrificio Eucar\u00edstico, que es signo eficaz de unidad. Es tambi\u00e9n el centro y cima de nuestra vida, y adem\u00e1s vi\u00e1tico espiritual de nuestro \u00c9xodo, por donde en la soledad retornamos por Cristo al Padre. Asimismo, en todo el curso de la Liturgia, Cristo como nuestro Sacerdote ora por nosotros, y como Cabeza nuestra ora en nosotros, de modo que en \u00c9l podamos reconocer nuestras voces, y en nosotros la suya.<\/p>\n\n\n\n<p>En la vigilia nocturna, nuestro Oficio se prolonga bastante, seg\u00fan antigua costumbre, aunque guardando siempre una discreta moderaci\u00f3n. As\u00ed se alimenta la devoci\u00f3n interna con la salmodia y se puede vacar el tiempo restante a la oraci\u00f3n callada del coraz\u00f3n sin hast\u00edo ni cansancio.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan antigua costumbre nuestra, todo monje del claustro est\u00e1 destinado, por una admirable dignaci\u00f3n de la piedad divina, al sagrado ministerio del altar. De donde se manifiesta en \u00e9l esa armon\u00eda que, como dice Pablo VI, existe entre la consagraci\u00f3n mon\u00e1stica y la sacerdotal. A ejemplo, pues, de Cristo, se hace juntamente sacerdote y v\u00edctima, en olor de suavidad para Dios, y por la uni\u00f3n en el sacrificio del Se\u00f1or participa de las riquezas insondables de su coraz\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Como nuestro Instituto est\u00e1 ordenado enteramente a la contemplaci\u00f3n, hemos de guardar fidel\u00edsimamente nuestra separaci\u00f3n del mundo. Estamos, por tanto, exentos de todo ministerio pastoral, por mucho que urjan las necesidades del apostolado activo, a fin de cumplir nuestra propia misi\u00f3n dentro del Cuerpo M\u00edstico.<\/p>\n\n\n\n<p>Mantenga Marta su ministerio, laudable ciertamente, aunque no exento de inquietud y turbaci\u00f3n&nbsp;; pero permita a su hermana que, sentada junto a los pies del Se\u00f1or, se dedique a contemplar que \u00c9l es Dios, a purificar su esp\u00edritu, a adentrarse en la oraci\u00f3n del coraz\u00f3n, a escuchar lo que el Se\u00f1or le diga en su interior&nbsp;; y as\u00ed pueda gustar y ver un poquito, como en un espejo y confusamente, cu\u00e1n bueno es el Se\u00f1or, mientras ruega por su hermana y por todos los que se afanan como ella. Mar\u00eda tiene a su favor no s\u00f3lo al m\u00e1s imparcial de los jueces, sino tambi\u00e9n al m\u00e1s fiel de los abogados, al mismo Se\u00f1or, que no se limita a defender su vocaci\u00f3n, sino que hace su elogio, diciendo&nbsp;: \u00ab\u00a0Mar\u00eda ha escogido la mejor parte, que no le ser\u00e1 quitada\u00a0\u00bb. De esta manera la excus\u00f3 de mezclarse en los cuidados y desasosiegos de Marta, por piadosos que fuesen.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c4\">Cap\u00edtulo 4<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La guarda de la celda y del silencio<a href=\"#c3\">\u00ab<\/a><a href=\"#c5\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El empe\u00f1o y prop\u00f3sito nuestros son principalmente vacar al silencio y soledad de la celda. \u00c9sta es, pues, la tierra santa y el lugar donde el Se\u00f1or y su siervo conversan a menudo como entre amigos&nbsp;; donde el alma fiel se une frecuentemente a la Palabra de Dios y la esposa vive en compa\u00f1\u00eda del Esposo&nbsp;; donde se unen lo terreno y lo celestial, lo humano y lo divino. Pero hay que andar mucho por caminos de aridez y sequedad antes de llegar a los manantiales de las aguas y a la tierra de promisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso conviene que el que vive retirado en su celda vele diligente y sol\u00edcito para no procurarse ni aceptar ninguna salida de ella, fuera de las generalmente establecidas&nbsp;; m\u00e1s bien considere la celda tan necesaria para su salud y vida, como el agua para los peces y el aprisco para las ovejas. Si se acostumbra a salir de ella con frecuencia y por leves causas, pronto se le har\u00e1 odiosa&nbsp;; pues, como dice San Agust\u00edn&nbsp;: \u00ab\u00a0Para los amigos de este mundo no hay nada m\u00e1s trabajoso que no trabajar\u00a0\u00bb. Por el contrario, cuanto m\u00e1s tiempo guarde la celda, tanto m\u00e1s a gusto vivir\u00e1 en ella, si sabe ocuparse de una manera ordenada y provechosa en la lectura, escritura, salmodia, oraci\u00f3n, meditaci\u00f3n, contemplaci\u00f3n y trabajo. Entretanto, vaya acostumbr\u00e1ndose a la tranquila escucha del coraz\u00f3n, que deje entrar a Dios por todas sus puertas y sendas. As\u00ed, con la ayuda divina, evitar\u00e1 los peligros que frecuentemente acechan al solitario&nbsp;: seguir en la celda el camino m\u00e1s f\u00e1cil y merecer ser contado entre los tibios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los frutos del silencio los conoce quien lo ha experimentado. Aunque al principio nos resulte duro callar, gradualmente, si somos fieles, nuestro mismo silencio ir\u00e1 creando en nosotros una atracci\u00f3n hacia un silencio cada vez mayor. Para conseguirlo, est\u00e1 establecido que no hablemos unos con otros sin permiso del Presidente.<\/p>\n\n\n\n<p>El primer acto de caridad para con nuestros hermanos es respetar su soledad. Si se nos permite hablar de alg\u00fan asunto, sea nuestra conversaci\u00f3n tan breve cuanto sea posible.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que no son de nuestra Orden ni aspiran a entrar en ella, no se hospeden en nuestras celdas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes del claustro dedican todos los a\u00f1os ocho d\u00edas a una guarda mayor de la quietud de la celda y del recogimiento. Lo que se ha acostumbrado hacer normalmente con ocasi\u00f3n del aniversario de la Profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Dios nos ha tra\u00eddo a la soledad para hablarnos al coraz\u00f3n. Sea, pues, nuestro coraz\u00f3n como un altar vivo, del que suba continuamente ante el Se\u00f1or una oraci\u00f3n pura, por la cual deben ser impregnados todos nuestros actos.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c5\">Cap\u00edtulo 5<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El trabajo en la celda<a href=\"#c4\">\u00ab<\/a><a href=\"#c6\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>El monje del claustro, sujeto a la ley divina del trabajo en su propia vocaci\u00f3n, huye de la ociosidad que, seg\u00fan los antiguos, es enemiga del alma. Por ello, abraza con humildad y prontitud todos los trabajos que necesariamente trae consigo una vida pobre y solitaria, a condici\u00f3n, sin embargo, de que todo se ordene al ejercicio de la divina contemplaci\u00f3n, a la que est\u00e1 totalmente entregado. Adem\u00e1s de los diversos trabajos manuales, forma parte de su tarea diaria el cumplimiento de las obligaciones de su estado, principalmente de las que se refieren al culto divino y al estudio de las ciencias sagradas.<\/p>\n\n\n\n<p>En primer lugar, para no perder in\u00fatilmente en la celda el tiempo de la vida religiosa, el monje del claustro debe dedicarse con inter\u00e9s y discreci\u00f3n a estudios apropiados, no por el prurito de saber o de editar libros, sino porque una lectura sabiamente ordenada facilita al alma una instrucci\u00f3n m\u00e1s s\u00f3lida y pone la base para la contemplaci\u00f3n de las cosas celestiales. Yerran, pues, los que juzgan que, descuidando al principio el estudio de la palabra de Dios o abandon\u00e1ndolo despu\u00e9s, pueden elevarse f\u00e1cilmente a la uni\u00f3n \u00edntima con Dios. As\u00ed, fij\u00e1ndonos m\u00e1s en la sustancia del contenido que en el brillo aparente de la expresi\u00f3n, estudiemos los misterios divinos con ese deseo de conocer que nace del amor y lo inflama.<\/p>\n\n\n\n<p>Con el trabajo de manos, el monje se ejercita en la humildad y reduce todo su cuerpo a servidumbre, para que su alma adquiera una mayor estabilidad. De donde, en los tiempos establecidos, es l\u00edcito dedicarse a trabajos manuales verdaderamente \u00fatiles, porque no est\u00e1 bien malgastar en bagatelas y trabajos in\u00fatiles un tiempo precioso concedido a cada uno para glorificar a Dios. Sin embargo, no queda excluida de este tiempo la utilidad de la lectura y la oraci\u00f3n&nbsp;; m\u00e1s a\u00fan, siempre es aconsejable, mientras se trabaja, recurrir por lo menos a las breves oraciones llamadas jaculatorias. Tambi\u00e9n puede a veces suceder que el peso del trabajo sirva de ancla que sujete el vaiv\u00e9n de los pensamientos, ayudando con ello al coraz\u00f3n a permanecer fijo en Dios constantemente, sin fatiga mental.<\/p>\n\n\n\n<p>El trabajo es un servicio mediante el cual nos unimos con Cristo, que no vino a ser servido sino a servir. Son de alabar ciertamente los que se las arreglan por s\u00ed solos para cuidar del mobiliario, de las herramientas y de las dem\u00e1s cosas usadas en la celda, aliviando en lo posible el trabajo de los hermanos. Por lo dem\u00e1s, todos han de tener la celda ordenada y limpia.<\/p>\n\n\n\n<p>Siempre puede el Prior imponer a un padre alg\u00fan trabajo o servicio para bien de la Comunidad, y \u00e9l lo acepta con agrado y con alegr\u00eda de coraz\u00f3n, pues en el d\u00eda de su Profesi\u00f3n pidi\u00f3 ser recibido como el m\u00e1s humilde servidor de todos. Cuando se encomienda un trabajo a un monje del claustro, sea siempre de tal naturaleza que le permita conservar su libertad interior mientras trabaja, sin preocuparse de la ganancia o de cu\u00e1ndo ha de terminar. Porque conviene que el solitario, atendiendo no tanto a la obra como al fin intentado, pueda mantener su coraz\u00f3n siempre en vela. Mas para que el monje permanezca tranquilo y sano en la soledad, muchas veces ser\u00e1 conveniente que goce de cierta libertad en la ordenaci\u00f3n de su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Normalmente no se ha de llamar a los padres a trabajar fuera de sus celdas, sobre todo en las obediencias de los hermanos. Y en caso de que se destinen algunos padres a hacer un trabajo en com\u00fan, ellos podr\u00e1n hablar entre s\u00ed de lo que requiera tal trabajo, pero no con los que llegan.<\/p>\n\n\n\n<p>Toda nuestra actividad nazca siempre de la fuente interior, a ejemplo de Cristo, que siempre act\u00faa con el Padre, de modo que el mismo Padre haga las obras permaneciendo en \u00c9l. As\u00ed seguiremos a Cristo en su vida humilde y oculta de Nazaret, tanto cuando oramos a Dios en lo secreto, como cuando trabajamos por obediencia en su presencia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c6\">Cap\u00edtulo 6<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La guarda de la clausura<a href=\"#c5\">\u00ab<\/a><a href=\"#c7\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Desde los principios de nuestra Orden se pens\u00f3 que, mediante el estricto rigor de la clausura, se expresar\u00eda y afirmar\u00eda nuestra total consagraci\u00f3n a Dios. Cu\u00e1n grande necesidad debiera mediar para salir fuera, aparece suficientemente claro por el hecho de que el Prior de Cartuja no sale nunca de los t\u00e9rminos de su yermo. Ahora bien, como en una misma Orden sus observancias deben guardarse de un modo uniforme y similar por sus profesos, nosotros, que hemos abrazado el prop\u00f3sito cartujano, de donde nos viene el nombre de Cartujos, no admitimos f\u00e1cilmente excepciones&nbsp;; pero si alguna necesidad lo exigiera, siempre se ha de pedir permiso al Reverendo Padre, salvo en alg\u00fan caso urgente y en los dem\u00e1s previstos por los Estatutos.<\/p>\n\n\n\n<p>El rigor de la clausura se convertir\u00eda en una observancia farisaica, si no fuera un signo de aquella pureza de coraz\u00f3n a la que \u00fanicamente se promete la visi\u00f3n de Dios. Para conseguirla, se requiere una gran abnegaci\u00f3n, sobre todo de la natural curiosidad que el hombre siente por todo lo humano. No debemos dejar que nuestro esp\u00edritu se derrame por el mundo, andando a la b\u00fasqueda de noticias y rumores. Por el contrario, nuestra parte es permanecer ocultos en el secreto del rostro de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Hemos de evitar los libros profanos o revistas que puedan turbar nuestro silencio interior. Particularmente ser\u00eda contrario al esp\u00edritu de la Orden introducir de cualquier modo en el claustro diarios que traten de pol\u00edtica. A\u00fan m\u00e1s, los Priores exhorten a sus monjes que sean muy parcos en las lecturas profanas. Mas esta advertencia requiere una madurez de esp\u00edritu y un dominio de s\u00ed mismo que sepa aceptar sinceramente todas las consecuencias de esa mejor parte que ha elegido, a saber&nbsp;: sentarse a los pies del Se\u00f1or y escuchar su palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>No obstante, la familiaridad con Dios no estrecha el coraz\u00f3n sino que lo dilata y lo capacita para abarcar en \u00c9l los afanes y problemas del mundo, junto con los grandes intereses de la Iglesia, de todo lo cual conviene que el monje tenga alg\u00fan conocimiento. Sin embargo, la verdadera solicitud por los hombres debe nacer, no de la curiosidad sino de la \u00edntima comuni\u00f3n con Cristo. Cada cual, escuchando interiormente al Esp\u00edritu, vea qu\u00e9 es lo que puede admitir en su mente sin que sufra menoscabo su di\u00e1logo con Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si llegase hasta nosotros alguna noticia de lo que ocurre por el mundo, guard\u00e9monos de comunicarla a los dem\u00e1s&nbsp;; dejemos m\u00e1s bien los rumores del siglo all\u00ed donde los o\u00edmos. Toca al Prior informar a sus monjes sobre los temas que no conviene ignorar, en especial sobre la vida de la Iglesia y sus necesidades.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin verdadera necesidad, no busquemos ocasi\u00f3n de hablar con las personas de la Orden y con los dem\u00e1s que a veces llegan a nuestra Casa. Porque no aprovecha al amigo de la soledad, firme en el silencio y ansioso de la quietud, hacer o recibir visitas sin motivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Como est\u00e1 escrito&nbsp;: \u00ab\u00a0Honra a tu padre y a tu madre\u00a0\u00bb, mitigamos un poco el rigor de la clausura para recibir a nuestros padres y a otros parientes pr\u00f3ximos, dos d\u00edas al a\u00f1o, seguidos o separados. Por lo dem\u00e1s, a no ser que, por amor del Se\u00f1or, nos lo imponga una inevitable necesidad, evitamos la visita de los amigos y las charlas de los seglares. Sabemos que Dios es digno de que se le ofrezca este sacrificio, que ser\u00e1 para los hombres m\u00e1s provechoso que nuestras palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>En las Casas de la Orden can\u00f3nicamente constituidas se guarda estricta clausura seg\u00fan la tradici\u00f3n de la Orden. No se puede admitir dentro de la clausura a mujeres. Cuando hablamos con ellas, observamos la modestia propia de un monje.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerden los monjes que la castidad por el Reino de los Cielos que profesan, ha de estimarse como don eximio de la gracia, pues libera de modo singular su coraz\u00f3n para que m\u00e1s f\u00e1cilmente puedan unirse a Dios con amor indiviso. De este modo, evocan aquel maravilloso connubio, fundado por Dios y que ha de revelarse plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene por Esposo \u00fanico a Cristo. Es, pues, menester que, empe\u00f1ados en guardar fielmente su vocaci\u00f3n, crean en las palabras del Se\u00f1or y, confiados en el auxilio de Dios, no presuman de sus propias fuerzas y practiquen la mortificaci\u00f3n y la guarda de los sentidos. Conf\u00eden tambi\u00e9n en Mar\u00eda, quien por su humildad y virginidad mereci\u00f3 ser la Madre de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Cu\u00e1nta utilidad y gozo divino traen consigo la soledad y el silencio del desierto a quien los ame, s\u00f3lo lo conocen quienes lo han experimentado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed pueden los hombres esforzados recogerse en su interior cuanto quieran, morar consigo, cultivar sin cesar los g\u00e9rmenes de las virtudes y alimentarse felizmente de los frutos del para\u00edso.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed se adquiere aquel ojo limpio, cuya serena mirada hiere de amores al Esposo y cuya limpieza y puridad permite ver a Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed se vive un ocio activo, se reposa en una sosegada actividad.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed concede Dios a sus atletas, por el esfuerzo del combate, la ansiada recompensa&nbsp;: la paz que el mundo ignora y el gozo en el Esp\u00edritu Santo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c7\">Cap\u00edtulo 7<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La abstinencia y el ayuno<a href=\"#c6\">\u00ab<\/a><a href=\"#c8\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Cristo sufri\u00f3 por nosotros, d\u00e1ndonos ejemplo para que sigamos sus huellas. Lo que practicamos ya aceptando las penalidades y angustias de esta vida, ya abrazando la pobreza con la libertad de hijos de Dios y renunciando a la propia voluntad. Tambi\u00e9n, seg\u00fan la tradici\u00f3n mon\u00e1stica, nos corresponde seguir a Cristo cuando ayuna en el desierto, castigando nuestro cuerpo y reduci\u00e9ndolo a servidumbre, para que nuestra alma brille con el deseo de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes del claustro hacen una abstinencia semanal, generalmente el viernes. Ese d\u00eda se contentan con pan y agua. En ciertos tiempos y d\u00edas hacen ayuno de Orden, en el que tienen una sola comida.<\/p>\n\n\n\n<p>La penitencia corporal no debemos abrazarla s\u00f3lo por obedecer a los Estatutos&nbsp;; est\u00e1 destinada principalmente a aligerarnos del peso de la carne para que podamos seguir con m\u00e1s presteza al Se\u00f1or.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas si en alg\u00fan caso, o durante una temporada, sintiera uno que alguna de nuestras observancias supera sus fuerzas, y que m\u00e1s bien lo entorpece que lo impulsa al seguimiento de Cristo, decida, en filial acuerdo con el Prior, la mitigaci\u00f3n que le conviene, al menos temporalmente. Pero, teniendo siempre presente la llamada de Cristo, indague lo que est\u00e1 a\u00fan dentro de sus posibilidades, y lo que no puede dar al Se\u00f1or por la observancia com\u00fan, s\u00faplalo de otro modo, neg\u00e1ndose a s\u00ed mismo y llevando su cruz cada d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Conviene que los novicios se acostumbren poco a poco a las abstinencias y ayunos de la Orden, a fin de que tiendan al rigor de la observancia con prudencia y seguridad, bajo la direcci\u00f3n del Maestro. \u00c9ste los ense\u00f1ar\u00e1 particularmente a vigilarse para no faltar a la sobriedad a la hora de la refecci\u00f3n, so pretexto de los ayunos que han de observar. As\u00ed aprender\u00e1n a reprimir con el esp\u00edritu las obras de la carne, y a llevar en su cuerpo la mortificaci\u00f3n de Jes\u00fas, a fin de que tambi\u00e9n la vida de Jes\u00fas se manifieste en sus cuerpos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan una observancia introducida por nuestros primeros Padres y guardada siempre con un celo especial, hemos renunciado en nuestro prop\u00f3sito al uso de la carne. Obs\u00e9rvese dicha abstinencia como algo propio de la Orden y signo del rigor erem\u00edtico en el cual, con la ayuda de Dios, queremos perseverar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ninguno de nosotros se d\u00e9 a ejercicios de penitencia fuera de los indicados en estos Estatutos, a no ser con el conocimiento y aprobaci\u00f3n del Prior. Pero si el Prior quisiera dar a alguno de nosotros una mitigaci\u00f3n en la comida, el sue\u00f1o o en alguna otra cosa, o imponerle algo duro y grave, no podemos oponernos, no sea que al resistirlo, resistamos no a \u00e9l, sino al Se\u00f1or, cuyas veces hace para con nosotros. Pues aunque sean muchas y diversas las cosas que observamos, no esperamos que ninguna de ellas nos aproveche sin el bien de la obediencia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c8\">Cap\u00edtulo 8<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El novicio<a href=\"#c7\">\u00ab<\/a><a href=\"#c9\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Quienes, ardiendo en amor divino, desean abandonar el mundo y captar las cosas eternas, cuando llegan a nosotros recib\u00e1moslos con el mismo esp\u00edritu. Es, pues, muy conveniente que los novicios encuentren en las Casas donde han de ser formados, un verdadero ejemplo de observancia regular y de piedad, de guarda de la celda y del silencio, y tambi\u00e9n de caridad fraterna. Si llegase a faltar esto, apenas se podr\u00e1 esperar que perseveren en nuestro modo de vida.<\/p>\n\n\n\n<p>A los que se presenten como candidatos, se los ha de examinar atenta y prudentemente, seg\u00fan el aviso del Ap\u00f3stol San Juan&nbsp;: \u00ab\u00a0Examinad si los esp\u00edritus vienen de Dios\u00a0\u00bb. Porque es realmente cierto que de la buena o mala admisi\u00f3n y formaci\u00f3n de los novicios depende principalmente la prosperidad o la decadencia de la Orden, tanto en la calidad como en el n\u00famero de las personas.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, los Priores deben informarse con prudencia sobre su familia, su vida pasada y sus cualidades de alma y cuerpo&nbsp;; por la misma raz\u00f3n, convendr\u00e1 consultar a m\u00e9dicos prudentes que conozcan bien nuestro g\u00e9nero de vida. En efecto, entre las dotes por las que los candidatos a la vida solitaria deben ser estimados, ha de contarse sobre todo un juicio equilibrado y sano.<\/p>\n\n\n\n<p>No acostumbramos recibir novicios antes de que hayan comenzado los veinte a\u00f1os&nbsp;; incluso entre los que pidan ser recibidos, rec\u00edbanse tan s\u00f3lo aquellos que, a juicio del Prior y de la mayor\u00eda de la Comunidad, tengan suficiente doctrina, piedad, madurez y fuerzas corporales para llevar las cargas de la Orden&nbsp;; y que sean lo bastante aptos, sin duda para la soledad, pero tambi\u00e9n para la vida com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero conviene que seamos m\u00e1s circunspectos en la recepci\u00f3n de las personas de edad madura, puesto que se adaptan m\u00e1s dif\u00edcilmente a las observancias y nuestra forma de vida&nbsp;; por eso no queremos que alguien sea recibido despu\u00e9s de los cuarenta y cinco a\u00f1os, sin licencia expresa del Cap\u00edtulo General o del Reverendo Padre. Tal licencia se requiere tambi\u00e9n para admitir al noviciado a un religioso ligado con el v\u00ednculo de la Profesi\u00f3n en otro Instituto, y si se trata de un profeso de votos perpetuos, el Reverendo Padre necesita el consentimiento del Consejo General. Para admitir a alguien ligado anteriormente con votos a un Instituto religioso, se nos aconseja o\u00edr antes al Reverendo Padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se nos presenta alguno con deseos de ser monje del claustro, primero se le pregunta en particular qu\u00e9 motivo y qu\u00e9 intenci\u00f3n lo mueven a ello. Y si realmente se ve que s\u00f3lo busca a Dios, se lo examina sobre algunos puntos que entonces es preciso conocer&nbsp;: si tiene la debida formaci\u00f3n cultural para un monje que ha de ser promovido al sacerdocio, si puede cantar y si tiene alg\u00fan impedimento can\u00f3nico. Sin embargo, el postulante no podr\u00e1 iniciar el noviciado hasta que tenga los suficientes conocimientos de lengua latina.<\/p>\n\n\n\n<p>Cumplido esto, se expone al candidato el fin de nuestra vida, la gloria que esperamos dar a Dios por nuestra uni\u00f3n con su obra redentora, y cu\u00e1n bueno y gozoso es dejarlo todo para adherirse a Cristo. Tambi\u00e9n se le propone lo duro y \u00e1spero, haci\u00e9ndole ver, en cuanto sea posible, todo el modo de vida que desea abrazar. Si ante esto sigue decidido, ofreci\u00e9ndose con sumo gusto a seguir un camino duro, fiado en las palabras del Se\u00f1or, y deseando morir con Cristo para vivir con \u00c9l, por fin se le aconseja que, conforme al Evangelio, se reconcilie con aquellos que tuvieren alguna cosa contra \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de una probaci\u00f3n de tres meses, al menos, y no m\u00e1s de un a\u00f1o, el postulante, en una fecha determinada, se presenta a la Comunidad, que dar\u00e1 otro d\u00eda su voto acerca de la admisi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El novicio, puesto que va a seguir a Cristo dejando todas sus cosas, entregue al Prior \u00edntegramente el dinero y lo dem\u00e1s que acaso trajo consigo, a fin de que no sea \u00e9l mismo sino el Prior, o el que el Prior disponga, quien lo guarde a modo de dep\u00f3sito. Por nuestra parte, no exigimos ni pedimos absolutamente nada a los novicios ni a los que quieren entrar en nuestra Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>El noviciado se prolonga durante dos a\u00f1os&nbsp;; tiempo que el Prior podr\u00e1 prorrogar, pero no m\u00e1s de seis meses.<\/p>\n\n\n\n<p>No se deje aplanar el novicio por las tentaciones que suelen acechar a los seguidores de Cristo en el desierto, ni conf\u00ede en sus propias fuerzas, sino m\u00e1s bien espere en el Se\u00f1or que dio la vocaci\u00f3n y llevar\u00e1 a t\u00e9rmino la obra comenzada.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c9\">Cap\u00edtulo 9<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>El Maestro de novicios<a href=\"#c8\">\u00ab<\/a><a href=\"#c10\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La formaci\u00f3n de los novicios se ha de encomendar a un Maestro que se distinga por su prudencia, caridad y observancia regular, que est\u00e9 dotado de la debida madurez y experiencia de las cosas de la Orden, que sienta una afici\u00f3n especial a la quietud y a la celda, que irradie amor por nuestra vocaci\u00f3n, que entienda la diversidad de esp\u00edritus y tenga una mentalidad abierta a las necesidades de los j\u00f3venes. Al ocuparse con todo coraz\u00f3n de la perfecci\u00f3n espiritual de sus alumnos, sepa tambi\u00e9n excusar los defectos ajenos.<\/p>\n\n\n\n<p>El Maestro mu\u00e9strese sol\u00edcito y vigilante respecto a la recepci\u00f3n de los novicios, anteponiendo el m\u00e9rito al n\u00famero. Para que uno sea cartujo no de puro nombre, sino real y verdaderamente, no basta querer&nbsp;; se requiere adem\u00e1s, junto con el amor a la soledad y a nuestra vida, cierta aptitud especial de alma y cuerpo, por donde se conozca la vocaci\u00f3n divina. Todo esto t\u00e9ngalo en cuenta el Maestro, a quien principalmente pertenece el examinar y probar a los principiantes. No olvide que ciertos defectos, que en un principio parec\u00edan quiz\u00e1 de poca monta, frecuentemente suelen crecer y arraigarse m\u00e1s despu\u00e9s de la Profesi\u00f3n. Es asunto grave el rechazar o despedir a alguien, y s\u00f3lo se ha de decidir tras madura deliberaci\u00f3n. Sin embargo, recibir a alguno o retenerlo largo tiempo, cuando consta que le faltan las dotes necesarias, es una falsa y casi cruel compasi\u00f3n. Est\u00e9 muy en guardia el Maestro para que el novicio se decida en su vocaci\u00f3n con plena libertad, y no lo coaccione en modo alguno para que haga la Profesi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El Maestro visitar\u00e1 al novicio en momentos oportunos, instruy\u00e9ndolo en las observancias de la Orden que un novicio no debe ignorar. Cuidar\u00e1, adem\u00e1s, especialmente de que el novicio estudie con inter\u00e9s los Estatutos de la Orden. Al Maestro toca tambi\u00e9n formar los h\u00e1bitos del novicio, dirigirlo en sus ejercicios espirituales y poner remedios oportunos a sus tentaciones. Est\u00e9 atento a que, de d\u00eda en d\u00eda, aumente el amor de los alumnos hacia Cristo y la Iglesia. Aunque, a ejemplo de nuestro Padre San Bruno, debe tener entra\u00f1as de madre, es preciso tambi\u00e9n que muestre una energ\u00eda de padre, para que la formaci\u00f3n del principiante sea mon\u00e1stica y varonil. Deje, sobre todo, que los novicios experimenten la vida solitaria en la celda y su austeridad, y ens\u00e9\u00f1elos a prestarse mutuamente auxilio espiritual con caridad sincera y sencilla.<\/p>\n\n\n\n<p>Es muy provechoso, ciertamente, que el novicio se dedique al estudio y al trabajo manual&nbsp;; pero no basta que el solitario est\u00e9 ocupado en su celda y persevere laudablemente as\u00ed hasta la muerte&nbsp;; necesita, adem\u00e1s, otra cosa&nbsp;: el esp\u00edritu de oraci\u00f3n y plegaria. Faltando el vivir con Cristo y la \u00edntima uni\u00f3n del alma con Dios, de poco servir\u00e1 la fidelidad en las ceremonias y la misma observancia regular, y nuestra vida se podr\u00eda justamente comparar a un cuerpo sin alma. Por consiguiente, nada tenga m\u00e1s en el coraz\u00f3n el Maestro que inculcar este esp\u00edritu y acrecentarlo con discreci\u00f3n, para que los novicios despu\u00e9s de su Profesi\u00f3n se acerquen cada d\u00eda m\u00e1s a Dios y consigan el fin de su vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuide mucho el Maestro de acudir siempre a las fuentes de toda vida cristiana, a los documentos de la tradici\u00f3n mon\u00e1stica y a la primitiva inspiraci\u00f3n de nuestra Orden. Exponga cumplidamente el esp\u00edritu de nuestro Padre San Bruno y vele por las sanas tradiciones, recopiladas principalmente por Guigo y guardadas fielmente desde el nacimiento de la Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir del segundo a\u00f1o, los novicios comenzar\u00e1n sus estudios, que ser\u00e1n prudentemente orientados hacia una formaci\u00f3n al mismo tiempo mon\u00e1stica y sacerdotal, seg\u00fan las normas de la Ratio Studiorum. Los monjes no sean promovidos al sacerdocio hasta que est\u00e9n dotados de suficiente madurez humana y espiritual, a fin de que puedan participar m\u00e1s plenamente de este don de Dios.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c10\">Cap\u00edtulo 10<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>La Profesi\u00f3n<a href=\"#c9\">\u00ab<\/a><a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-2\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Muerto al pecado y consagrado a Dios por el bautismo, el monje por la Profesi\u00f3n se consagra m\u00e1s plenamente al Padre y se desembaraza del mundo, para poder tender m\u00e1s rectamente hacia la perfecta caridad. Unido al Se\u00f1or mediante un compromiso firme y estable, participa del misterio de la Iglesia unida a Cristo con v\u00ednculo indisoluble, y da testimonio ante el mundo de la nueva vida adquirida por la Redenci\u00f3n de Cristo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando se acerca el fin del segundo a\u00f1o de noviciado, si el novicio parece digno de ser admitido, se lo presentar\u00e1 a la Comunidad que, despu\u00e9s de algunos d\u00edas, bien pensado el asunto, dar\u00e1 su parecer sobre la admisi\u00f3n del novicio. \u00c9ste, por su parte, no haga los votos sino con plena libertad y madurez de juicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta primera Profesi\u00f3n se emite por tres a\u00f1os. Pasado este plazo, corresponde al Prior, tras el voto de la Comunidad, admitir al joven profeso a pasar dos a\u00f1os con los profesos de votos solemnes. En tal caso, el monje renovar\u00e1 por un bienio la Profesi\u00f3n temporal. Durante uno de estos dos a\u00f1os \u2013 normalmente el segundo \u2013, el futuro profeso estar\u00e1 libre de estudios y clases para que pueda prepararse m\u00e1s concienzudamente a los votos solemnes.<\/p>\n\n\n\n<p>Porque el disc\u00edpulo que sigue a Cristo debe renunciar a todo y a s\u00ed mismo, el futuro profeso, antes de la Profesi\u00f3n solemne, renuncie a todos los bienes que tiene en acto&nbsp;; puede tambi\u00e9n, si quiere, disponer de los bienes a los que tenga derecho. Ninguna persona de la Orden pida nada en absoluto de sus cosas al profeso temporal, ni siquiera con fines piadosos, ni para dar limosna a quien sea, sino que \u00e9l debe disponer libremente de sus bienes seg\u00fan le plazca.<\/p>\n\n\n\n<p>El que va a profesar escriba por s\u00ed mismo la Profesi\u00f3n en la forma y con las palabras&nbsp;: \u00ab\u00a0Yo, fray N., prometo\u2026 estabilidad, y obediencia y conversi\u00f3n de mis costumbres, delante de Dios y de sus Santos y de las Reliquias de este yermo, que est\u00e1 construido en honor de Dios y de la bienaventurada siempre Virgen Mar\u00eda y de San Juan Bautista, en presencia de Dom N., Prior\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de la palabra \u00ab\u00a0prometo\u00a0\u00bb, si se trata de la primera Profesi\u00f3n temporal, se a\u00f1ade \u00ab\u00a0por tres a\u00f1os\u00a0\u00bb, y cuando esta Profesi\u00f3n se prorrogue, especif\u00edquese el tiempo de la pr\u00f3rroga&nbsp;; mas si se trata de la Profesi\u00f3n solemne, d\u00edgase \u00ab\u00a0perpetua\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Es de saber que todos nuestros yermos est\u00e1n dedicados en primer lugar a la Sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda y a san Juan Bautista, nuestros principales patronos en el cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>La c\u00e9dula de toda Profesi\u00f3n debe ser firmada por el profeso y por el Prior que ha recibido los votos, y llevar consignada la fecha&nbsp;; se la conserva en el archivo de la Casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hecha la Profesi\u00f3n, el que ha sido recibido de tal manera se considere ajeno a todo lo del mundo, que no tenga potestad sobre cosa alguna, ni siquiera sobre s\u00ed mismo, sin licencia de su Prior. Dado que todos los que determinaron vivir regularmente han de practicar con gran celo la obediencia, nosotros lo haremos con tanta mayor entrega y fervor, cuanto m\u00e1s estricta y austera es la vocaci\u00f3n que hemos abrazado&nbsp;; pues si, lo que Dios no permita, esta obediencia faltare, tantos trabajos carecer\u00edan de premio. De aqu\u00ed que Samuel diga&nbsp;: \u00ab\u00a0Mejor es obedecer que sacrificar, y mejor la docilidad que la grasa de los carneros\u00a0\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>A ejemplo de Jesucristo, que vino a cumplir la voluntad de su Padre y, tomando la forma de siervo, aprendi\u00f3 por sus padecimientos la obediencia, el monje se somete por la Profesi\u00f3n al Prior, que hace las veces de Dios, y se esfuerza por llegar a la medida de la plenitud de Cristo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Libro 1&nbsp;: Los monjes del claustro Cap\u00edtulo 3 Los monjes del claustro\u00ab\u00bb Los que fueron Padres [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"parent":6144,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-6146","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6146","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6146"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6146\/revisions"}],"up":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6144"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6146"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}