{"id":6144,"date":"2021-12-15T16:26:46","date_gmt":"2021-12-15T15:26:46","guid":{"rendered":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/?page_id=6144"},"modified":"2021-12-16T09:51:43","modified_gmt":"2021-12-16T08:51:43","slug":"estatutos","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/es\/estatutos\/","title":{"rendered":"Estatutos"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Cap\u00edtulo 1<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Prologo<a href=\"#c2\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>La gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni\u00f3n del Esp\u00edritu Santo est\u00e9 con todos vosotros. Am\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Para alabanza de la gloria de Dios, Cristo, Palabra del Padre por mediaci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, eligi\u00f3 desde el principio a algunos hombres, a quienes llev\u00f3 a la soledad para unirlos a s\u00ed en \u00edntimo amor. Siguiendo esta vocaci\u00f3n el Maestro Bruno entr\u00f3 con seis compa\u00f1eros en el desierto de Cartuja, el a\u00f1o del Se\u00f1or 1084, y se instal\u00f3 all\u00ed. Tanto ellos como sus sucesores, permanecieron en aquel lugar bajo la direcci\u00f3n del Esp\u00edritu Santo, y, gui\u00e1ndose por la experiencia, fueron creando gradualmente un g\u00e9nero de vida erem\u00edtica propio, que se transmit\u00eda a sus continuadores, no por escrito, sino con el ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero a instancias de otros eremitorios fundados a imitaci\u00f3n del de Cartuja, Guigo, quinto Prior de Cartuja, puso por escrito la norma de su prop\u00f3sito, que todos se comprometieron a seguir e imitar, como regla de su observancia y como v\u00ednculo de caridad de la naciente familia. Mas como los Priores de la observancia cartujana pidieran insistentemente a los Priores y a los hermanos de Cartuja que se les permitiera tener en la misma Casa un Cap\u00edtulo General com\u00fan, se reuni\u00f3 el primer Cap\u00edtulo General durante el priorato de Antelmo, al cual se sometieron para siempre todas las Casas, junto con la misma Casa de Cartuja. Por aquel entonces, las monjas de Prebay\u00f3n abrazaron tambi\u00e9n espont\u00e1neamente el modo de vida cartujano. \u00c9ste fue el comienzo de nuestra Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de aqu\u00ed, en el decurso del tiempo, a tenor de la experiencia y de las nuevas circunstancias, el Cap\u00edtulo General iba adaptando la forma de vida cartujana, y estabilizando y explicando nuestra instituci\u00f3n. Esta continua y esmerada acomodaci\u00f3n de nuestras costumbres acrecent\u00f3 progresivamente el conjunto de nuestras Ordenaciones. Por eso, el a\u00f1o del Se\u00f1or 1271, el Cap\u00edtulo General reuniendo en uno lo principal sacado de las Costumbres de Guigo, de las ordenaciones de los Cap\u00edtulos Generales y de los usos de la Gran Cartuja tomados en conjunto, promulg\u00f3 los&nbsp;<strong>Antiguos Estatutos<\/strong>. A \u00e9stos se a\u00f1adieron el a\u00f1o 1368 otros documentos, que se denominaron&nbsp;<strong>Nuevos Estatutos<\/strong>&nbsp;; a\u00f1adidos tambi\u00e9n documentos en el a\u00f1o 1509, se llamaron&nbsp;<strong>Tercera Compilaci\u00f3n<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Existiendo, pues, tres colecciones, con ocasi\u00f3n del Concilio Tridentino fueron redactadas en un solo cuerpo, lo que llamamos la&nbsp;<strong>Nueva Colecci\u00f3n<\/strong>&nbsp;de los Estatutos. Su tercera edici\u00f3n fue aprobada&nbsp;en forma espec\u00edfica&nbsp;por la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica&nbsp;Iniunctum Nobis&nbsp;del Papa Inocencio&nbsp;XI. Una nueva edici\u00f3n, otra vez examinada y acomodada a las prescripciones del C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico entonces en vigor, fue aprobada tambi\u00e9n en forma espec\u00edfica por el Papa P\u00edo&nbsp;XI en la Constituci\u00f3n Apost\u00f3lica&nbsp;Umbratilem.<\/p>\n\n\n\n<p>Por mandato del Concilio Ecum\u00e9nico Vaticano&nbsp;II, se emprendi\u00f3 una adecuada renovaci\u00f3n de nuestro g\u00e9nero de vida, seg\u00fan la mente de los decretos del mismo Concilio, guardando como algo muy sagrado nuestro retiro del mundo y los ejercicios propios de la vida contemplativa. Por ello, el Cap\u00edtulo General del a\u00f1o 1971 aprob\u00f3 los&nbsp;<strong>Estatutos Renovados<\/strong>, una vez examinados y corregidos con la cooperaci\u00f3n de todos los miembros de la Orden.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, para concordarlos con el C\u00f3digo de Derecho Can\u00f3nico, promulgado en el a\u00f1o 1983, los susodichos Estatutos, nuevamente revisados, se han dividido en dos partes, de las cuales, la primera que comprende los libros primero, segundo, tercero y cuarto, contiene las Constituciones de la Orden. Nosotros, pues, los humildes hermanos, Andr\u00e9s, Prior de Cartuja, y todos los dem\u00e1s con potestad en el Cap\u00edtulo General del a\u00f1o 1989, aprobamos y confirmamos estos Estatutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mas no por ello queremos relegar al olvido los Estatutos anteriores, sobre todo los m\u00e1s antiguos, sino que se mantenga vivo su esp\u00edritu en la presente observancia, aunque ya no conserven fuerza de ley.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, exhortamos a todos los profesos y aspirantes de nuestra Religi\u00f3n, y les rogamos encarecidamente por la misericordia y bondad de Dios (quien con tanta clemencia se ha dignado ayudar, dirigir y proteger a nuestra familia cartujana, desde sus comienzos hasta el d\u00eda de hoy, provey\u00e9ndonos en abundancia de cuanto conduce a nuestra salvaci\u00f3n y perfecci\u00f3n), que cada uno en nuestra vocaci\u00f3n y oficio, nos esforcemos por corresponder con la mayor gratitud posible a tan paternal liberalidad y benevolencia de Dios nuestro Se\u00f1or. Lo que cumpliremos, si de tal modo nos dedicamos fiel y sol\u00edcitamente a la observancia regular contenida en los presentes Estatutos, que, recta y debidamente instruido y perfeccionado por estas disposiciones nuestro hombre exterior, en el hombre interior busquemos al mismo Dios con mayor fervor, lo hallemos con m\u00e1s prontitud y lo poseamos m\u00e1s perfectamente. Y as\u00ed, con la ayuda del Se\u00f1or, podamos llegar a la perfecci\u00f3n de la caridad, fin de nuestra profesi\u00f3n y de toda vida mon\u00e1stica, y alcanzar despu\u00e9s la bienaventuranza eterna.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\" id=\"c2\">Cap\u00edtulo 2<\/h3>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p>Elogio de Guigo a la vida solitaria<a href=\"#c1\">\u00ab<\/a><a href=\"\/moines\/es\/estatutos\/libro-1\">\u00bb<\/a><\/p>\n\n\n\n<p>Los monjes que alabaron la soledad quisieron dar testimonio del misterio cuyas riquezas experimentaban, y que s\u00f3lo los bienaventurados conocen plenamente. All\u00ed se lleva a cabo un gran misterio, esto es, de Cristo y de la Iglesia, cuyo eminente ejemplar lo encontramos en Mar\u00eda Sant\u00edsima&nbsp;; el cual est\u00e1 tambi\u00e9n enteramente oculto en toda alma fiel, y la soledad tiene la virtud de revelarlo m\u00e1s profundamente.<\/p>\n\n\n\n<p>En el presente cap\u00edtulo, pues, tomado de las Costumbres de Guigo, hemos de ver algunos destellos del alma de aquel que tuvo por misi\u00f3n del Esp\u00edritu codificar las primeras leyes de nuestra Orden. Porque estas frases del quinto Prior, seg\u00fan el antiguo sentido aleg\u00f3rico de la Sagrada Escritura rectamente entendidas, tocan una verdad sublime que nos une a nuestros Padres en la fruici\u00f3n de la misma gracia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la recomendaci\u00f3n de la vida solitaria, a la que estamos llamados por vocaci\u00f3n especial, seremos breves, por conocer las muchas alabanzas que le han tributado tantos varones santos y sabios, y de tanta autoridad que no nos consideramos dignos de pisar sus huellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya sab\u00e9is c\u00f3mo en el Antiguo y, sobre todo, en el Nuevo Testamento, casi todos los m\u00e1s profundos y sublimes misterios fueron revelados a los siervos de Dios no entre el tumulto de las muchedumbres, sino estando a solas, y c\u00f3mo los mismos siervos de Dios, cuando quer\u00edan sumirse en una meditaci\u00f3n m\u00e1s profunda, o dedicarse a la oraci\u00f3n con m\u00e1s libertad, o enajenarse de las cosas terrenas por la elevaci\u00f3n del alma, casi siempre se apartaban del ruido de las muchedumbres y buscaban las ventajas de la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed que, para tocar de alg\u00fan modo el tema, Isaac sale a solas al campo a meditar, y es de creer que esto no fue en \u00e9l algo aislado, sino de costumbre&nbsp;; que Jacob, enviando todas sus cosas por delante, se queda a solas, ve a Dios cara a cara, y a la vez por la bendici\u00f3n y la mutaci\u00f3n del nombre en mejor se torna dichoso&nbsp;; alcanzando m\u00e1s en un momento solo que durante toda la vida acompa\u00f1ado.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n nos atestigua la Escritura cu\u00e1nto amaban la soledad Mois\u00e9s, El\u00edas, y Eliseo, cu\u00e1nto crecieron por ella en la comunicaci\u00f3n de los secretos divinos&nbsp;; y hasta qu\u00e9 punto incesantemente corr\u00edan peligro entre los hombres, y eran visitados por Dios cuando estaban solos.<\/p>\n\n\n\n<p>Jerem\u00edas se sienta solitario, porque se halla penetrado de la c\u00f3lera de Dios. Pidiendo que se d\u00e9 agua a su cabeza y a sus ojos una fuente de l\u00e1grimas para llorar a los muertos de su pueblo, solicita tambi\u00e9n un lugar donde poder ejercitarse m\u00e1s libremente en obra tan santa, diciendo&nbsp;: \u00ab\u00a0\u00bfQui\u00e9n me dar\u00e1 en la soledad un albergue de caminantes ?\u00a0\u00bb, como si no le fuera posible vacar a este ejercicio en la ciudad, indicando de este modo cu\u00e1nto impide la compa\u00f1\u00eda el don de l\u00e1grimas. Asimismo, cuando dice&nbsp;: \u00ab\u00a0Bueno es esperar en silencio la salvaci\u00f3n de Dios\u00a0\u00bb, para lo cual ayuda mucho la soledad, a\u00f1adiendo luego&nbsp;: \u00ab\u00a0Bueno es para el hombre el haber llevado el yugo desde su mocedad\u00a0\u00bb, con lo cual nos da un motivo de gran consuelo, pues casi todos hemos abrazado este g\u00e9nero de vida desde la juventud. Y dice tambi\u00e9n&nbsp;: \u00ab\u00a0Se sentar\u00e1 solitario y callar\u00e1, porque se elevar\u00e1 sobre s\u00ed mismo\u00a0\u00bb&nbsp;; significando casi todo lo mejor que hay en nuestro Instituto&nbsp;: quietud y soledad, silencio y deseo de los dones m\u00e1s elevados.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s da a conocer qu\u00e9 alumnos forma esta escuela, diciendo&nbsp;: \u00ab\u00a0Dar\u00e1 su mejilla a quien lo hiriere y se saciar\u00e1 de oprobios\u00a0\u00bb. En lo primero brilla una paciencia suma, y en lo segundo una perfecta humildad.<\/p>\n\n\n\n<p>Tambi\u00e9n Juan Bautista, el mayor de los nacidos de mujer seg\u00fan el paneg\u00edrico del Salvador, puso en evidencia cu\u00e1nta seguridad y utilidad aporta la soledad. El cual, no sinti\u00e9ndose seguro ni por los or\u00e1culos divinos que hab\u00edan predicho que, lleno del Esp\u00edritu Santo desde el seno de su madre, habr\u00eda de ser el precursor del Se\u00f1or en el esp\u00edritu y la virtud de El\u00edas, ni por las maravillas de su nacimiento, ni por la santidad de sus padres, huyendo de la compa\u00f1\u00eda de los hombres como peligrosa, eligi\u00f3 los apartados desiertos como m\u00e1s seguros, ignorando cualesquiera peligros y la muerte, por tanto tiempo cuanto habit\u00f3 solo en el desierto. Cu\u00e1nta virtud adquiri\u00f3 all\u00ed y cu\u00e1nto m\u00e9rito, lo demostr\u00f3 el bautismo de Cristo y la muerte sufrida por defender la justicia. Se hizo tal en la soledad, que s\u00f3lo \u00e9l fue digno de bautizar a Cristo que todo lo purifica, y de afrontar la c\u00e1rcel y la muerte en defensa de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<p>El mismo Jes\u00fas, Dios y Se\u00f1or, aunque su virtud no pod\u00eda verse favorecida por el retiro ni impedida por el p\u00fablico, sin embargo, para instruirnos con su ejemplo, antes de comenzar su predicaci\u00f3n y sus milagros quiso someterse a una especie de prueba de tentaciones y ayunos en la soledad. De \u00e9l dice la Escritura que, dejando la compa\u00f1\u00eda de sus disc\u00edpulos, sub\u00eda al monte a orar a solas. E inminente ya el tiempo de la Pasi\u00f3n, dej\u00f3 a los Ap\u00f3stoles para orar solitario, d\u00e1ndonos con esto el mejor ejemplo de cu\u00e1nto aprovecha la soledad para la oraci\u00f3n, cuando no quiere orar acompa\u00f1ado ni de sus mismos Ap\u00f3stoles.<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed no pasemos en silencio un misterio que merece toda nuestra atenci\u00f3n&nbsp;: que el mismo Se\u00f1or y Salvador del g\u00e9nero humano se dign\u00f3 mostrarnos por s\u00ed mismo el primer modelo vivo de nuestro Instituto, al permanecer as\u00ed solitario en el desierto vacando a la oraci\u00f3n y a los ejercicios de la vida interior, macerando su cuerpo con ayunos, vigilias y otros frutos de penitencia, venciendo las tentaciones y superando a nuestro adversario con armas espirituales.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora considerad vosotros mismos cu\u00e1nto aprovecharon en su esp\u00edritu en la soledad los santos y venerables padres, Pablo, Antonio, Hilari\u00f3n, Benito, y tantos otros innumerables, y comprobar\u00e9is que la suavidad de la salmodia, el amor por la lectura, el fervor de la oraci\u00f3n, la profundidad de la meditaci\u00f3n, la elevaci\u00f3n de la contemplaci\u00f3n y el bautismo de las l\u00e1grimas con nada se pueden favorecer tanto como con la soledad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no os content\u00e9is con los pocos ejemplos aqu\u00ed citados en elogio de nuestro modo de vida, sino vosotros mismos id recogiendo otros muchos, tomados de vuestra experiencia cotidiana o de las p\u00e1ginas de la Sagrada Escritura.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cap\u00edtulo 1 Prologo\u00bb La gracia de nuestro Se\u00f1or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"footnotes":""},"class_list":["post-6144","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6144","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/users\/5"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=6144"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/6144\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/chartreux.org\/moines\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=6144"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}